Archivos mensuales: diciembre 2014

Nuevo paseo por la Granada hospitalaria de Juan de Dios

Autoras: Mª Trinidad Rodríguez Pérez y Aida Toro Ruiz, 1º A (2014/15)

La visita estuvo dirigida y diríamos que amenizada por el profesor D. Manuel Amezcua, ya que no solo nos relata la historia sino que además nos ameniza el recorrido con anécdotas de la época. Comenzamos en el zaguán y los patios del Hospital de S. Juan de Dios (S. J. de D.), que aunque aún sigue funcionando se encuentra en un estado deplorable. En las paredes se vislumbra que en otros tiempos habría bellas pinturas, ahora están todas retiradas para su restauración, solo se aprecia la parte de abajo en la cual aún se conservan bien los azulejos.

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El hospital contaba con tres patios, aunque ahora solo se pueden visitar dos ya que el tercero está habilitado para almacén y garaje.

Aunque al principio S. J. de D. comenzó su labor humanitaria llevando a los enfermos a las casas de sus bienhechores, pronto consiguió limosnas suficientes para poder alquilar una casa en la calle Lucena y montar allí su primer hospital.

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Crece su obra y en diez años más crea su segundo hospital en la cuesta de Gomérez.  Para llegar allí Juan de Dios ha de acarrear con los enfermos y superar grandes vicisitudes (el río, una gran cuesta).

Aprendimos que Juan de Dios era muy persuasivo, y que un día ante una persona que encontró muerta en la calle pidió ayuda a una autoridad y esta se la negó y él ni corto ni perezoso cogió el muerto y se lo dejó a la entrada de su casa y ante esta situación lo llamaron y consiguió el dinero del entierro y un poco más para su obra.

El recorrido está bañado de curiosidades. La torre de nuestra catedral está habitada por una familia de personas muy mayores. Originariamente eran los campaneros. Ahora las campanas se tocan pulsando un botón, pero aun así ellos continúan viviendo allí. Una enfermera va a hacer las visitas domiciliarias y ha de subir a lo alto sin ascensor, por tanto ha de subir muchísimas escaleras.

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La catedral es tan majestuosa porque en un principio fue concebida como panteón para que fuera enterrado el emperador Carlos I, pues este quería estar junto a la capilla de los Reyes católicos y sus hijos,  pero  cuando su hijo Felipe II construyo El Escorial  se lo  pensó y decidió que reposaría allí.

En cada rincón de Granada se podrían contar muchas historias de Juan de Dios pero llegado al Palacio Arzobispal, nos recreó las imágenes de Juan cuando después de haber estado en la prédica de Juan de Ávila y quedar transformado se vino a la Iglesia del Sagrario, que entonces era la mezquita transformada en catedral, y pasó tres días dentro y a partir de ahí empezó a hacer las cosas raras que ya le caracterizaron. El haciendo esas cosas y alentado por las voces de los  niños, que le dirían algo así: “tírate al agua, Juan tírate al agua”  y él cedía revolcándose en el charco, que veíamos frente a la Iglesia del Sagrario.

Aprendimos cómo algunos que no le querían se quejaron al Arzobispo Guerrero y éste le recriminó que iba a echar a perder su obra por acoger entre otros a prostitutas y Juan de Dios se puso de rodillas y le contestó que si eso era así, el primero que se tenía que ir era él. Porque él era el más indecente, y afirmó que para Dios no había clases, todo el mundo era igual (Juan de Dios se sentía el más indigno). Con estas palabras desarmó al Arzobispo y éste le dijo que continuara con su obra.

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La plaza de las Pasiegas en el siglo XIX (las pasiegas aparecen entre tenderetes ofreciendo su leche)

Nos explicó el porqué se llama la Plaza de las Pasiegas: vinieron unas mujeres del valle del Pas, de Cantabria, las pasiegas, que se las contrataban como amas de leche. Se dedicaban a dar leche a los niños de las familias ricas. Y también ofrecían sus servicios de forma mercenaria (cobrando dinero) a otras clases sociales, para ello se ponían en esta plaza, sentadas al sol y venían mujeres a requerir sus servicios. Le pagaban el dinero y las pasiegas les daban teta a los niños.

En la plaza Bib-Rambla Juan de Dios se ponía a vender haces de leña. Entonces era una plaza estilo castellano con soportales, en donde se celebraban, entre otras cosas, corridas de toros. En los pisos de arriba vivía gente pero tenían un trato con el ayuntamiento (tenían que ceder sus balcones para que se pudiera ver desde allí los toros. Esos sitios costaban un dinero que el ayuntamiento se encargaba de cobrar).

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Aprendimos el origen del nombre de la calle “Arco de las orejas”, Zacatín, Tundidores, y muchas más. En la calle Tundidores había una señora ya mayor y bien entrada en carnes  que tenía una tienda de ropa usada. Allí iba Juan de Dios con los niños “de 20 en 20” para vestirlos.

Pasamos por la entrada de la cuesta de Gomérez y nos explica que al final hay una puerta que se llama de las Granadas y un poquito antes una calle estrecha que es dónde estuvo situado el segundo hospital de Juan de Dios, y el esfuerzo tan grande que tenía que hacer para llevar a hombros los enfermos por la cuesta, hasta llegar al hospital.

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Terminamos la visita en la casa de los Pisa, que es el Museo de San Juan de Dios, en donde Don Manuel se encarga de buscarnos al mejor conocedor del edificio para que nos lo explique, que es su director Francisco Benavides.  Allí muere San Juan de Dios el 8 de marzo de 1550. La casa era propiedad de Doña Ana de Osorio, señores de Pisa. Cuando cae enfermo la señora Osorio se lo lleva a su casa para cuidarlo. La casa está llena de objetos que rebosan de historias. Don Francisco nos cuenta un poco sobre la institución de San Juan de Dios y sobre los tesoros que allí se guardan. Una institución que no está muerta sino que está en continua transformación por todas las partes del mundo. Nos muestra un documento, que Roma otorga al primer grupo de hermanos de San Juan de Dios en 1571.

Esto nos indica que su expansión fue muy rápida a pesar de que no contaba con mucho dinero. El éxito de la institución se debió a que en aquel momento la Iglesia se dedicaba a pensar en las cosas de arriba y apenas había nadie que estuviera por resolver problemas terrenales. La institución aportó una visión social pero desde dentro de la iglesia. Esto se refleja en una carta de que escribió y decía “Si supieras cuán grande es la misericordia de Dios, no dejaríais de hacer el bien”. Y a eso se dedicó durante lo que le quedó de vida.
Nos muestra el documento en el que San Juan de Dios fue nombrado patrón de los enfermos, por el Papa Pio XI, en Roma a 28 de agosto de 1930. También es patrón de los enfermeros y bomberos y se celebra el 8 de marzo.

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Vimos el libro que un hermano de San Juan de Dios, José Bueno y González, escribió y publicó en 1833 con el nombre de “Arte de la enfermería, para la asistencia teórico-práctica de los pobres enfermos que se acogen en los hospitales de la sagrada religión de nuestro padre San Juan de Dios”. Nos cuenta que se editaron dos volúmenes al mismo tiempo. El otro libro se refería a cuestiones espirituales. Esos libros los tenían guardados en los bolsillos y aunque tenían muchísimo trabajo los estudiaban entre tarea y tarea.

Y por último nos muestra la joya de la corona, el libro de registro de enfermos más antiguo que se conserva del hospital de S. Juan de Dios, “el tercer libro de registro de enfermos que se hizo en el hospital de S. J. de D. de 1566. Este libro se encuentra en la casa de los Pisa porque cuando los hermanos de S.J. de D. en la desamortización de Mendizábal salen del hospital, y el hospital se queda funcionando con personas laicas, todos sus documentos los guardaban en el edificio, en sus archivos. Hasta que se crearon los archivos históricos en las diputaciones y se llevaron allí todos los documentos. No hay constancia de porqué se llevó a la casa de Pisa pero allí está. Nos relata que en el libro se registra de los enfermos, el nombre, la fecha, las pertenencias (capa, calzas), el oficio (tundidores, espaderos, sombrerero), y si fallece le ponen una cruz. Las mujeres no se les menciona el oficio, todas son mujer de… La mujer era en esa época totalmente dependiente del hombre. También había esclavos de piel morena, aunque ya estaba abolida la esclavitud, ellos continuaron en la ciudad sirviendo a sus señores. Como curiosidad indicar que la media de edad de los enfermos era de 42 años y que de 702 enfermos solo aparecen 2 con 72 años. No aparecen los datos de su enfermedad porque no hay en esa época concepto de diagnóstico. Lo importante de este libro además de para la enfermería es que nos habla de la historia social de Granada.

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Visitamos la casa, que estaba llena de joyas tanto literarias como pictóricas, muebles de época, etc. La excursión fue inolvidable. No nos queda más que decir que darle las gracias al profesor D. Manuel Amezcua por haber dedicado la tarde del viernes a acompañarnos y hacernos revivir la historia de San Juan de Dios en Granada.

Recomendamos

Para conocer algo más sobre el origen de la Plaza de las Pasiegas VER

Andando los pasos de San Juan de Dios en Granada: algunas reflexiones

Autor: Lauro Quesada Jiménez, 1ºB (2014/15)

En la fría tarde del jueves 28 de noviembre un grupo de alumnos nos disponíamos a las tres de la tarde  a emprender un recorrido que nos llevaría tras los pasos de una de las figuras más importantes que en cuanto a avances en el campo de salud se dieron hace ya más de quinientos años. Una de las figuras más importantes y a la vez de las más desconocidas. ¿Por qué? Tal vez sea alguno de esos caprichos que la historia nos “regala” de vez en cuando, o cualquier otra razón ni mucho menos justificada, más cuando indagamos un poco en la vida y el legado de este hombre.

El mejor método para saber por qué somos hoy lo que somos es la memoria, volver la vista siglos atrás y en un alarde de imaginación intentar comprender como seríamos hoy si aquello tan lejano en el tiempo (que no en el espacio) no hubiese sucedido.

De todos modos nosotros, estudiantes de primero de Enfermería que estrenábamos una facultad absolutamente moderna e innovadora (incompleta también, todo hay que decirlo) hace pocas semanas, aquel viernes gris acompañados por nuestro profesor, Don Manuel Amezcua nos disponíamos a introducirnos en las entrañas de aquella Granada vieja, medieval, que despertaba poco a poco de ese sueño largo del que nunca pareciera que iba a despertar mirando al futuro, con los ojos puestos en una modernidad que llevaba años llamando a la puerta.

Juan ciudad Duarte fue una de esas llamadas y las puertas de aquella Granada con ganas de progresar se abrieron para recibir a aquel hombre nacido en Portugal, que fue un trotamundos hasta que recaló en esta tierra, donde ejerce de vendedor de libros religiosos hasta que es encarcelado en el Hospital Real, al ser tratado de loco. Al salir del reclutamiento, su vocación le lleva a dedicar su vida a los más pobres: pide limosna, atiende los enfermos…

Con el tiempo se le van uniendo algunos compañeros y se comienza a gestar una orden hospitalaria que llega hasta nuestros días, que nació en Granada y tuvo y tiene su centro en esta tierra: la orden de San Juan de Dios. Juan de Dios muere el ocho de Marzo de 1550, víctima de una pulmonía tras intentar rescatar a un niño que se estaba ahogando en el rio Genil.

Pues bien, nuestro recorrido será guiado por los pasos de este hombre, llevándonos a conocer los lugares más emblemáticos de la Granada de San Juan de Dios, comenzando por el hospital que lleva su nombre, un proyecto que San Juan de Dios no llegó a ver terminado y que sería el culmen de su obra en la ciudad que  “sería su cruz”. Es una pena que un edificio tan importante se encuentre es las condiciones que pudimos verlo, dejado de la mano de Dios por las instituciones.

Nada más entrar pasamos a un gran patio de estilo renacentista con una fuente ricamente ornamentada en el centro a través del cual se distribuía todo el hospital. Después pasamos a otro patio de menores dimensiones y con una decoración más pobre y de un estilo más cercano al barroco. Este patio fue construido para ampliar el hospital que se estaba quedando pequeño. Cabe destacar la importancia de este edificio, tanto en su función como en su influencia, ya que el hospital de San Juan de Dios ha estado operativo durante siglos y su influencia a lo largo del tiempo ha sido enorme, tomándolo como modelo para construir hospitales por todo el mundo.

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Pero antes de construirse el hospital de San Juan de Dios, Juan Ciudad se dio cuenta de la necesidad de tener un lugar fijo donde poder atender de forma digna a sus enfermos. Por ello, antes de iniciarse este gran proyecto, San Juan de Dios no atendería a los pobres en la calle, sino que su vocación le llevaría a alquilar diversos locales por Granada como en la plaza de Bibarrambla, el local de la calle Lucena y el de la cuesta de Gomeres.  Sus pasos nos llevarían por las citadas calle Lucena y plaza de Bibarrambla hasta llegar a Plaza Nueva donde pudimos ver la cuesta de Gomeres (y casi imaginarnos a Juan Ciudad vestido con su sotana cargando enfermos a cuestas, subiendo por esa empinada calle que llega a los pies de la Alhambra).

Llegamos por ultimo al lugar donde murió San Juan de Dios, la casa de los Pisa. Y aquí sí, nada más entrar a este lugar se respira que estás entrando a un lugar especial. Aquí el alarde de imaginación al que hacíamos referencia antes se hace más llevadero ya que en el momento en el que cruzamos esa pequeña puerta de madera, pudimos notar como el paso de los siglos allí no había hecho tanta mella. Notábamos que estábamos en un lugar especial y lo confirmamos en el momento en que empezamos a descubrirlo, a desentrañarlo. El edificio estaba de nuevo articulado por un patio central a través del cual se distribuían todas las estancias.

Tuvimos el placer de descubrir un lugar donde se respiraba historia, un lugar que conservaba algunas obras de arte únicas y documentos que han resistido el paso de los años para llegar a nosotros y contarnos como era la vida hace quinientos años. Pudimos ver uno de esos documentos, recientemente restaurado: el  libro 3º de Registro de Hombres y Mujeres, de 1566-1567, en el que aparecían los nombres, apellidos, dirección  y pertenencías de todos los enfermos que eran atendidos.

Por último vimos la capacha con la que San Juan de Dios pedía limosna (por lo que a su grupo de seguidores se les conoció en los primeros años como los hermanos de la capacha), su primera pintura, su bastón y la habitación donde murió, de rodillas con un crucifijo entre las manos.

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Cuando tenemos la oportunidad de tener un contacto tan directo con estas obras de arte y estos documentos me vienen a la mente dos cosas: en primer lugar, el hecho extraordinario de que un libro débil, de papel apenas resistente, que parece que se rompe con solo dirigirle la mirada pueda sobrevivir quinientos años y “dejar tiradas por el camino” a decenas y decenas de generaciones; y en segundo lugar, me viene a la mente la necesidad de dejarle esas obras que nos hablan de como éramos  y de por qué somos lo que somos a las generaciones venideras en mejores condiciones de como los encontramos, para que ellos también puedan aprender y descubrir su propia identidad a través de la historia.

 

 

The Knick: “House” a principios del siglo XX

Autor:  Amaru Jiménez, 1º A (2014/15)

Dirigida por Steven Sodenberg (“Traffic”, “Ocean’s”) The Knick nos remonta al Nueva York de principios del siglo XX, al hospital Knickerbocker, hospital real laico (pero con presencia eclesiástica en su interior) que estuvo de servicio en la zona norte de Manhattan hasta 1979. La primera temporada nos desplaza a una época médica donde se empezaban a aplicar técnicas cruentas que distaban décadas de los avances que hoy las han convertido en procedimientos casi rutinarios.

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Clive Owen (“Closer”, “Sin City”) es el doctor John W. Thackery, basado en William Halsted, una de las figuras más importantes de la cirugía moderna (responsable de la primera transfusión sanguínea de emergencia en EEUU, incorporación de guantes en los quirófanos y diversas técnicas quirúrgicas). Un protagonista antiheroico, cirujano brillante pero con matices y facetas que te harán odiarlo (o amarlo); es arrogante, misógino y racista, siendo estos comportamientos la norma en aquella época

Cada uno de los capítulos aborda objetos de estudio clínicos o subraya aspectos de la historia de la medicina (en el episodio piloto “Method and madness” se realiza una intervención de placenta previa; en “They Capture the Heat” se visita a un barbero-sangrador; mientras que en Crutchfield, el último episodio, se atreven con una trepanación en carne viva).

The Knick es asimismo una serie con una fuerte agenda revisionista en términos de género y de raza, que explora el campo médico a través de la mirada masculina blanca y heterosexual, pero también experimenta tramas sobre la inclusión y la exclusión en la institución de cuerpos sociales marginales como los afroamericanos y las mujeres.

San Juan de Dios y su celda en el Hospital Real

Autores: Carmen Suarez Urquiza, Mariluz Jijón Carretero, Manuel Jesús Cardona Expósito, Daniel Castro Moral, Ana Isabel Campos Sánchez, 1º B (2014/15)

Vida de San Juan de Dios

Juan Ciudad Duarte nació en Montemor (Portugal) en 1495. Siendo aún un niño, se trasladó a Toledo, ejerciendo de pastor y otras labores del campo hasta los 27, cuando decidió enrolarse en las tropas españolas al mando del capitán de infantería Juan Ferruz que estaba a su vez al servicio del emperador Carlos I.

Su etapa como soldado fue para él una dura experiencia siendo salvado en el último momento de ser ahorcado, por lo que desde entonces Juan Ciudad vivió como aventurero incansable en permanente búsqueda de una vocación desconocida hasta el momento. De regreso volvió a ejercer de pastor en tierras de Sevilla desde donde se desplazó hasta Ceuta para trabajar como peón en la construcción de sus murallas. Poco después regresó a Andalucía y comenzó a recorrer los caminos desde Algeciras a Granada como vendedor ambulante de libros de distintos géneros. Una vez en Granada montó una pequeña tienda de libros en la calle Elvira.

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A Juan de Dios le gustaba escuchar predicar al maestro y predicador Juan de Ávila en la ermita de los mártires, fueron sus predicaciones las que le hicieron pensar y encontrar su verdadera vocación que era la de prestarse a los demás, sobre todo a aquellos que menos tenían.

Esta experiencia le hizo confrontar su vida, los años perdidos, el vacío interior, y sintió tan profundo arrepentimiento que con abundantes lágrimas y grandes muestras de dolor recorrió las calles de la ciudad gritando sus muchos pecados , deseos de penitencia y criticando a los ricos y poderosos de esa época que no hacían nada por los más desfavorecidos hasta el punto de que algunas personas compadeciéndose de él y otras incomodas por sus palabras lo consideraron enfermo mental y lo condujeron al Hospital Real, que se usaba como manicomio en el año 1540 aproximadamente.

Juan de Dios fue conducido a una pequeña celda de apenas dos metros cuadrados con un pequeño ventanuco y le pusieron un cepo inmovilizándole manos y cabeza. Allí estuvo aproximadamente un año en esa celda donde el tiempo que pasó le hizo reflexionar sobre las condiciones en las que se encontraban los enfermos de su época, en los que enfermos de diferentes patologías estaban en la misma estancia. Según parece Juan de Dios consiguió salir del Hospital Real gracias a que San Juan de Ávila intercedió por él para sacarlo de allí.

Tras su salida del hospital empieza a crear pequeños hospitales en diferentes casas particulares de Granada (como el que estaba en la cuesta Gomeres) donde aloja principalmente a enfermos pobres y a la vez que va creando estos pequeños hospitales va acogiendo a varios seguidores, que luego fundarían la orden hospitalaria de San Juan de Dios.

San Juan de Dios no solo se conformaba con fundar hospitales y darse a los demás prestando un servicio sanitario sino que en todo lo que él podía ayudar se implicaba, un ejemplo de esto es la causa de su muerte, se dice que San Juan de Dios vio como un niño se estaba ahogando en el rio Genil y sin pensárselo dos veces se tiró al agua para salvarlo con la mala suerte que enfermó de pulmonía y murió.

Hospital Real y la celda sanjuanista

Recién reconquistada Granada por los Reyes Católicos solo existía un hospital en la ciudad y era musulmán, hospital cristiano como tal no había, tan solo existía un hospital de campaña cerca de la Alhambra por lo que los Reyes Católicos mandan construir en 1492 el Hospital Real, el cual fue construido sobre un antiguo cementerio musulmán. Este hospital se fundó principalmente para asistir a enfermos con bubas y sífilis y a los pocos años de su funcionamiento se comenzó a alojar a los inocentes (enfermos con patologías psiquiátricas, locos). Un dato curioso a destacar es que a medida que se iba construyendo se iban ocupando las habitaciones.

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Desde su construcción el Hospital Real ha sufrido diferentes incendios, en uno de ellos cabe destacar la acción de San Juan de Dios ya que él al haber estado en este hospital como enfermo conocía la estructura del hospital real y cómo estaba distribuido, por lo que tuvo la capacidad y la valentía de adentrarse dentro del hospital y entre las llamas ir salvando a muchas de las personas que estaban encerradas y a punto de morir, sacrificándose a sí mismo y teniendo como resultado numerosas quemaduras por todo el cuerpo. Este hecho ha provocado que una de las imágenes con las que se representa a San Juan de Dios sea la del santo con un hombre en brazos.

El Hospital Real tras la Guerra Civil deja de ser manicomio y pasa a ser el hospital de Maternidad dependiente de la Diputación. Es en los años sesenta cuando se queda casi vacío y por lo que es cedido a la universidad que tenía problemas de espacio y es en 1980 cuando el Rectorado se traslada al Hospital Real.

La única celda que se conserva en el Hospital Real es la celda de San Juan de Dios, ya que la Orden de San Juan de Dios toma este lugar como lugar de peregrinación y hacen por conservarla.

Para hacer un homenaje a la figura de San Juan de Dios, se decidió que en la celda se pusieran todos los libros que hablan de él, su vida, la Orden hospitalaria, sus obras, sus actos… formando así lo que se conoce como biblioteca Sanjuanista, donde no solo encontramos libros en español sino que nos los podemos encontrar en otros idiomas como portugués (lengua materna de San Juan de Dios).