El Fuego de San Antonio

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Pertíñez Ruiz, Patricia; Breim Guillén, Ismael. El Fuego de San Antonio. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento. 8/12/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1628

Conocida también como Ergotismo o “Fuego del Infierno”, fue una enfermedad que se desarrolló sobre todo durante la Edad Media. Enfermedad de la que se han realizado varios estudios posteriores. Se desarrolló sobre todo entre los siglos IX y XIV, aunque también se dio posteriormente de forma más esporádica. El Bosco reflejó esta enfermedad en algunos de sus cuadros como en “Las Tentaciones de San Antonio”, donde vemos a un tullido a causa de esta enfermedad.

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Cuadro” Las tentaciones de San Antonio” pintado por el Bosco, en el círculo rojo vemos a un tullido cuya causa es esta enfermedad

El Fuego de San Antonio era una enfermedad producida por la intoxicación por el cornezuelo de centeno, un hongo parásito de este cereal (Claviceps purpurea) que se presentaba con el aspecto de un pequeño cuerno negruzco en las espigas del centeno.
El alcaloide responsable de esta intoxicación era la ergotamina, de la que deriva el ácido lisérgico. Este hongo produce esporas durante la primavera que son esparcidas por el viento. Si estas esporas entran en contacto con una flor como las gramíneas o este tipo de cereales infectan a la planta, destruyen sus tejidos y forman esclerocios (estructuras duras, oscuras, de forma parecida a un grano y a un cuerno).

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Imagenes del hongo causante de esta enfermedad (dibujo y fotografía)

La enfermedad empezaba con un frío intenso y repentino en todas las extremidades para convertirse después en una sensación de quemazón aguda. La infección puede ser leve, aguda o mortal, producía alucinaciones, convulsiones y vasoconstricción de las arterias que podía causar la necrosis de los tejidos y la aparición de gangrena en las extremidades, llegando a causar su pérdida en los casos más graves (en este caso se le denominaba ergotismo crónico). Frecuentemente solía provocar la muerte. También existía otro tipo de ergotismo conocido como ergotismo agudo, cuyos síntomas eran convulsiones espasmódicas en brazo y piernas y contracciones musculares que podían llevar al enfermo a morir por asfixia. En las mujeres embarazadas provocaba el aborto incluso en los casos más leves.

El tratamiento de la enfermedad era suministrado por la orden de los canónigos agustinos de San Antón. El remedio consistía en que los canónigos regulares tocaran con su báculo a los enfermos, los cuales peregrinaban hasta el monasterio de esta orden. La estancia se acompañaba con un cambio de dieta. Los enfermos de este modo mejoraban pero se debía al cambio de dieta que ayudaba a combatir la enfermedad y no al toque del báculo.
Otro remedio consistía en la peregrinación a Santiago, pues durante ella visitaban los conventos de los antoninos y se curaban , aunque frecuentemente volvía a aparecer con el tiempo.

Retablo de San Antonio (fragmento) en el que puede verse un fraile antoniano atendiendo a los enfermos del fuego de San Antonio. MNAC (Barcelona)

Se le dio el nombre de Fuego del Infierno porque en la Edad Media poco se sabía sobre esta enfermedad y frente a lo desconocido recurrían a la religión. Así se decía de esta enfermedad que era un castigo divino y que sus víctimas eran poseídas por el demonio cuyo fin era atacarlos y acabar con su vida. Se le conoce como fuego de San Antonio pues los enfermos se encomendaban a San Antonio Abad, buscando una cura eficaz. Además la primera orden que se fundó para cuidar a estos enfermos fue la orden de Antonianos, fundada cuando un joven rico cayó víctima de esta enfermedad. Se le dio los nombres de “fuego” debido a la intensa quemazón que sufrían sus víctimas.

Este mal se menciona por primera vez en una tableta asiria y en el libro sagrado de los parsis. En la Edad Media el pan de centeno era consumido normalmente por la clases más humildes ya que el pan blanco estaba reservado para la nobleza. La parasitación de este cereal era muy habitual en ese entonces y el polvo rojizo resultante de moler estos hongos estaba ocultado al mezclarse con la harina oscura del centeno. Los periodos en los que este hongo proliferaba coincidían con los de malas cosechas. La epidemia más grande que se recuerda fue en Pont Saint Esprit , pueblo de Francia, donde murieron 40000 personas.
En el siglo XVIII , algunos médicos europeos se dieron cuenta de que este hongo en pequeñas dosis era capaz de provocar las contracciones espásticas del útero, por lo que comenzó a usarse como medicamento, aunque en casos especiales y en pequeñas dosis. Su máxima difusión fue en Norteamérica pues se utilizaba en las hemorragias postparto.
A partir de este siglo se comenzó a concienciar a la población de no consumirlo, pero en periodos de hambre no resultaba extraño que volvieran a aparecer pequeñas epidemias como la declarada entre unos campesinos rusos en 1888. El último caso conocido es de 1951.

Canecillo del templo de Javierrelatre en Huesca, alusivo al Fuego de San Antonio

El día 17 de enero en España se celebra la fiesta de San Antón en recuerdo a esta enfermedad y a este santo. En ese día se realizan actos que consisten en bendecir los productos de panadería.

Fuentes y Bibliografía

García Omedes A. El “Fuego del Infierno” o “Fuego de San Antón” una peste medieval reflejada en el arte románico. romanicoaragones.com, sin año. Disponible en http://www.romanicoaragones.com/Colaboraciones/Colaboraciones04313Fuego.htm

Laval R, Enrique. Sobre las epidemias del fuego de San Antonio. Rev. chil. infectol. [Internet]. 2004; 21(1): 74-76. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182004000100016&lng=es. http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182004000100016.

Solórzano Sánchez, Manuel; Rubio Pilarte, Jesús; Expósito González, Raúl. El Mal de San Antón o Fuego Sagrado. Enfermería Avanza (blog), 14 de agosto de 2009. Disponible en http://enfeps.blogspot.com.es/2009/08/el-mal-de-san-anton-o-fuego-sagrado.html

Monográfico del programa Cuarto Milenio, dedicado a El pan maldito VER


Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

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