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San Juan de Dios, o la pasión por los enfermos

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Molina Valverde, Sandra. San Juan de Dios, o la pasión por los enfermos. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento [blog]. 18/12/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1780

Pastor, soldado y librero

Juan Ciudad Duarte, que pasaría a la historia como San Juan de Dios, nació en 1495 en Montemor-O-Novo, una próspera villa del Alentejo, en Portugal. Siendo niño un clérigo lo llevó a la villa de Oropesa (Toledo), donde vivió una parte de su juventud dedicándose al servicio de un noble, como pastor de su ganado. A sus veintidós años se alistó como soldado en el asedio de Fuenterrabía. Siendo expulsado del campo de batalla regresó a la casa donde h46148138_22616016abía vivido en Oropesa y allí pasó cuatro años, hasta que volvió a la guerra, en esta ocasión a Viena en la lucha contra los turcos.

Tras esta batalla regresó a la península ibérica, donde estuvo peregrinando durante un tiempo. Su siguiente destino fue Ceuta, allí trabajó en la construcción de la muralla de la ciudad y se ocupó de ayudar a una familia de exiliados portugueses con el sueldo que ganaba. A continuación se fue a Gibraltar, donde desempeñó diversos trabajos, y con sus ahorros compró libros y estampas religiosas para dedicarse a la venta ambulante. Más tarde decidió trabajar como librero en Granada, estableciéndose en un pequeño local cercano a Puerta Elvira.

Loco o iluminado

Juan de Ávila era uno de los predicadores más relevantes en Andalucía, y el librero decidió un día asistir a su sermón en la Ermita de los Mártires. A partir de este acontecimiento, Juan Ciudad experimentó un gran cambio en su actitud: salió de la ermita gritando, pidiendo misericordia, y se dirigió a su librería para destruir aquellos libros que no eran sagrados. Desde entonces, era visto por las calles con comportamientos extravagantes, mostrando arrepentimiento por las malas acciones que había cometido en su vida pasada, presentaba un aspecto muy descuidado, lo que dio lugar a que lo tomaran por loco, y como tal, fue ingresado en el Hospital Real.

Aquí fue víctima del maltrato que recibían los enfermos mentales en aquella época, pues eran atados, azotados y encerrados en celdas, esto se justificaba como lo adecuado para hacerles volver en sí. Dicha experiencia hizo que se revelara reclamando a los enfermeros que ofrecieran un trato humano a los enfermos, pero resultó en vano. Tuvo que aceptarlo sin otra alternativa, hasta que mejoró y dejaron de atarle y encerrarle en la celda, lo que aprovechó para cuidar a otros enfermos de forma amable y considerada.

Sintiéndose recuperado, Juan Ciudad optó por salir del hospital y encontrarse con Juan de Ávila. Aconsejado por este se marchó al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres) para aprender sobre el cuidado de los enfermos, ya que en este lugar existía una relevante Escuela de Medicina, y el cuidado se basaba en técnicas científicas. Además, aquí se llevaba a cabo un cuidado caritativo.

Los primeros hospitales

Tras regresar a Granada, se dedicó recoger leña y a venderla para repartir lo que recaudaba entre los pobres que encontraba. Comenzó a plantearse dónde podría alojar a los pobres sin hogar cuando conoció al Señor Venegas, uno de los descendientes de una familia real nazarí que se convirtieron al cristianismo, y consiguió que este diese cobijo a los pobres (en la Casa de los Venegas, hoy conocida como la Casa de los Tiros).
Más adelante, con la ayuda de gente de buena posición económica, instituyó un hospital en la calle Lucena. Aquí se ocupaba de las tareas necesarias para el mantenimiento del hospital y el cuidado de los enfermos y pobres, así como de procurarles los recursos necesarios; salía a caminar con una capacha de esparto a pedir limosna gritando su célebre frase: “Hermanos, haceos el bien a vosotros mismos”. Así conseguía comida y dinero tanto para los necesitados del hospital como para cualquier pobre. Su concepción del cuidado contemplaba la atención individualizada y meticulosa de los enfermos, se encargaba de conversar con ellos para conocer cómo se sentían, qué necesitaban y reconfortarles.

Otras de las labores de Juan Ciudad fue prestar ayuda a las prostitutas para que se alejasen de ese tipo de vida, y encargarse de conseguir limosna para el enterramiento de los pobres. También logró convencer a un malhechor llamado Antón Martín para que abandonara su vida como proxeneta y desistiera de la idea de vengar la muerte de su hermano, asesinado por Pedro de Velasco. Antón Martín perdonó a Pedro, y tal fue la transformación de estos que acabaron encargándose junto a Juan Ciudad del cuidado de los necesitados. Por todas sus obras caritativas, Juan era llamado popularmente Juan de Dios, hasta que llegó a recibir oficialmente este nombramiento por el Obispo de Tuy.

El hospital de Gomeres

La cantidad de personas acogidas en el hospital creció enormemente, de modo que el espacio disponible en él fue insuficiente, a lo que Juan de Dios respondió estableciendo un hospital más grande y con mejores prestaciones que ofrecer a los pobres y enfermos. Se situaba en la Cuesta Gomeres y disponía de mejores recursos y terapias novedosas: camas individuales para enfermos, sala de pacientes infecciosos, técnicas de diagnóstico, usos de ungüentos, etc.

Ante la gran cantidad de costes que suponía el mantenimiento del hospital y la ayuda que prestaba a los necesitados, Juan de Dios tenía grandes deudas; esto le condujo hasta Valladolid para pedir limosna al Príncipe Felipe II, quien lo recibió y donó una aportación económica. También durante su estancia en Castilla pudo recaudar limosnas de personalidades de la nobleza, con lo que pudo solventar algunas deudas y afrontar ciertas necesidades.

Una de sus hazañas más conocidas fue la que ocurrió durante el incendió que se produjo en el Hospital Real. Cuando Juan de Dios vio la humareda que salía del hospital, fue hasta allí y entró en el lugar de las llamas para sacar a los enfermos, salvando a muchos. Afortunadamente, consiguió salir ileso.

Reconocimiento a su labor

Juan de Dios era una persona que se daba a los demás sin condición. Prueba de ello fue el acontecimiento en el que se involucró cuando se encontraba junto al río Genil y vio a un joven que se estaba ahogando, entonces se lanzó al agua para salvarlo, lamentablemente sin éxito. En consecuencia, padeció una pulmonía que le dejó en muy mal estado, y por ello decidió dejar en orden todas las deudas que tenía pendientes haciéndolas constar en dos libros.

La esposa de García de Pisa, Ana Osorio, convenció a Juan de Dios para que se hospedara en su casa y estuviera mejor atendido. En su estancia recibió la visita del Arzobispo, quien se comprometió a que la labor de ayuda a los necesitados seguiría adelante y se haría cargo de sus deudas. Juan de Dios pidió a Antón Martín que se ocupara del hospital y de cuidar a los necesitados. Su estado de salud empeoró hasta que murió el 8 de marzo de 1550. Recibió un entierro multitudinario en la Iglesia de la Victoria de Granada; hoy en día, sus restos se encuentran en la Basílica de San Juan de Dios.

En 1572, los compañeros de Juan de Dios que se encargaron junto a él de prestar sus servicios a pobres y enfermos, lograron que el Papa Pío V aprobara la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que continúo funcionando con la filosofía de este y se extendió por otros continentes.

En 1630 fue beatificado por el Papa Urbano VII, y en 1690 canonizado por el Papa Alejandro VIII. Más tarde recibió nombramiento a nivel mundial como patrón de los enfermos y los hospitales por el Papa León XIII en 1886, así como el nombramiento de patrón de las enfermeras y personal sanitario y asociaciones sanitarias (Papa Pío XI, 1930). También fue reconocido como copatrono de la ciudad de Granada.

Fuentes bibliográficas

  • Amezcua, Manuel. Juan de Dios el Santo, el Iluminado, el Enfermero. Bol Inf CP Granada, 1994; 35:28-29.
  • De Castro, Francisco. Historia de la Vida y santas obras de San Juan de Dios y de la Institución de su Orden y principios de su Hospital, Edición facsímil, Córdoba, 1995.
  • De Mina, M. Visitar la Granada de San Juan de Dios. 1994
  • Gómez Moreno, M. Primicias históricas de San Juan de Dios. Reeditada, Granada, 2010.
  • Eseverri Chaverri, Cecilio. Juan de Dios, el hombre. Un acercamiento a la dimensión antropológica del personaje. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 19-22.
  • García Pedraza, A. Una relación ignorada: Juan de Dios y los moriscos. Index de Enfermería, 1995; IV(14):23-26.
  • Hernández Torres, JJ. Vida de San Juan de Dios. Granada: Clave Granada Editorial, 2003.
  • Martín Casares, A. Cuidar descarriadas sanando su alma. Juan de Dios y las prostitutas granadinas del siglo XVI. Index de Enfermería, 1995; IV(14):27-30.
  • Martínez Gil, José Luis. Sobre el nacimiento y procedencia de San Juan de Dios y su obra. Hispania sacra, estudios de edad moderna, 2006; 58(117): 69-100.
  • Ventosa Esquinaldo, Francisco. Juan Ciudad, reflejos de la personalidad humana de un reformador. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 15-18.
  • Ventosa Esquinaldo, Francisco. Pensamiento de San Juan de Dios y la Orden Hospitalaria y su relación con la Enfermería: Conceptos y valores. Granada: Ediciones Alsur, 2012.

Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

El Fuego de San Antonio

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Pertíñez Ruiz, Patricia; Breim Guillén, Ismael. El Fuego de San Antonio. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento. 8/12/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1628

Conocida también como Ergotismo o “Fuego del Infierno”, fue una enfermedad que se desarrolló sobre todo durante la Edad Media. Enfermedad de la que se han realizado varios estudios posteriores. Se desarrolló sobre todo entre los siglos IX y XIV, aunque también se dio posteriormente de forma más esporádica. El Bosco reflejó esta enfermedad en algunos de sus cuadros como en “Las Tentaciones de San Antonio”, donde vemos a un tullido a causa de esta enfermedad.

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Cuadro” Las tentaciones de San Antonio” pintado por el Bosco, en el círculo rojo vemos a un tullido cuya causa es esta enfermedad

El Fuego de San Antonio era una enfermedad producida por la intoxicación por el cornezuelo de centeno, un hongo parásito de este cereal (Claviceps purpurea) que se presentaba con el aspecto de un pequeño cuerno negruzco en las espigas del centeno.
El alcaloide responsable de esta intoxicación era la ergotamina, de la que deriva el ácido lisérgico. Este hongo produce esporas durante la primavera que son esparcidas por el viento. Si estas esporas entran en contacto con una flor como las gramíneas o este tipo de cereales infectan a la planta, destruyen sus tejidos y forman esclerocios (estructuras duras, oscuras, de forma parecida a un grano y a un cuerno).

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Imagenes del hongo causante de esta enfermedad (dibujo y fotografía)

La enfermedad empezaba con un frío intenso y repentino en todas las extremidades para convertirse después en una sensación de quemazón aguda. La infección puede ser leve, aguda o mortal, producía alucinaciones, convulsiones y vasoconstricción de las arterias que podía causar la necrosis de los tejidos y la aparición de gangrena en las extremidades, llegando a causar su pérdida en los casos más graves (en este caso se le denominaba ergotismo crónico). Frecuentemente solía provocar la muerte. También existía otro tipo de ergotismo conocido como ergotismo agudo, cuyos síntomas eran convulsiones espasmódicas en brazo y piernas y contracciones musculares que podían llevar al enfermo a morir por asfixia. En las mujeres embarazadas provocaba el aborto incluso en los casos más leves.

El tratamiento de la enfermedad era suministrado por la orden de los canónigos agustinos de San Antón. El remedio consistía en que los canónigos regulares tocaran con su báculo a los enfermos, los cuales peregrinaban hasta el monasterio de esta orden. La estancia se acompañaba con un cambio de dieta. Los enfermos de este modo mejoraban pero se debía al cambio de dieta que ayudaba a combatir la enfermedad y no al toque del báculo.
Otro remedio consistía en la peregrinación a Santiago, pues durante ella visitaban los conventos de los antoninos y se curaban , aunque frecuentemente volvía a aparecer con el tiempo.

Retablo de San Antonio (fragmento) en el que puede verse un fraile antoniano atendiendo a los enfermos del fuego de San Antonio. MNAC (Barcelona)

Se le dio el nombre de Fuego del Infierno porque en la Edad Media poco se sabía sobre esta enfermedad y frente a lo desconocido recurrían a la religión. Así se decía de esta enfermedad que era un castigo divino y que sus víctimas eran poseídas por el demonio cuyo fin era atacarlos y acabar con su vida. Se le conoce como fuego de San Antonio pues los enfermos se encomendaban a San Antonio Abad, buscando una cura eficaz. Además la primera orden que se fundó para cuidar a estos enfermos fue la orden de Antonianos, fundada cuando un joven rico cayó víctima de esta enfermedad. Se le dio los nombres de “fuego” debido a la intensa quemazón que sufrían sus víctimas.

Este mal se menciona por primera vez en una tableta asiria y en el libro sagrado de los parsis. En la Edad Media el pan de centeno era consumido normalmente por la clases más humildes ya que el pan blanco estaba reservado para la nobleza. La parasitación de este cereal era muy habitual en ese entonces y el polvo rojizo resultante de moler estos hongos estaba ocultado al mezclarse con la harina oscura del centeno. Los periodos en los que este hongo proliferaba coincidían con los de malas cosechas. La epidemia más grande que se recuerda fue en Pont Saint Esprit , pueblo de Francia, donde murieron 40000 personas.
En el siglo XVIII , algunos médicos europeos se dieron cuenta de que este hongo en pequeñas dosis era capaz de provocar las contracciones espásticas del útero, por lo que comenzó a usarse como medicamento, aunque en casos especiales y en pequeñas dosis. Su máxima difusión fue en Norteamérica pues se utilizaba en las hemorragias postparto.
A partir de este siglo se comenzó a concienciar a la población de no consumirlo, pero en periodos de hambre no resultaba extraño que volvieran a aparecer pequeñas epidemias como la declarada entre unos campesinos rusos en 1888. El último caso conocido es de 1951.

Canecillo del templo de Javierrelatre en Huesca, alusivo al Fuego de San Antonio

El día 17 de enero en España se celebra la fiesta de San Antón en recuerdo a esta enfermedad y a este santo. En ese día se realizan actos que consisten en bendecir los productos de panadería.

Fuentes y Bibliografía

García Omedes A. El “Fuego del Infierno” o “Fuego de San Antón” una peste medieval reflejada en el arte románico. romanicoaragones.com, sin año. Disponible en http://www.romanicoaragones.com/Colaboraciones/Colaboraciones04313Fuego.htm

Laval R, Enrique. Sobre las epidemias del fuego de San Antonio. Rev. chil. infectol. [Internet]. 2004; 21(1): 74-76. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182004000100016&lng=es. http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182004000100016.

Solórzano Sánchez, Manuel; Rubio Pilarte, Jesús; Expósito González, Raúl. El Mal de San Antón o Fuego Sagrado. Enfermería Avanza (blog), 14 de agosto de 2009. Disponible en http://enfeps.blogspot.com.es/2009/08/el-mal-de-san-anton-o-fuego-sagrado.html

Monográfico del programa Cuarto Milenio, dedicado a El pan maldito VER


Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

La Reina Victoria Eugenia, Enfermera

Autoras: Aurora Cano Perea y Marta Garzón Navarro-Pelayo, 1ºB (2015/16)

Biografía

Victoria Eugenia Julia Ena de Battemberg, reina consorte de España entre el año 1906 y 1931, nació el 24 de octubre de 1887 en el Castillo de Balmoral en Escocia. Nieta de la reina Victoria I, e hija del Príncipe Enrique de Battemberg y de la Princesa Beatriz de Inglaterra. Era la bisabuela paterna del actual monarca español Felipe VI.

Se casó con Alfonso XIII de Borbón, hijo de la segunda mujer de Alfonso XII, el cual la conoció en la primavera de 1905 en Londres, a los 18 años de edad, ya que la princesa asistió a una fiesta organizada por su tío Eduardo VII en honor a Alfonso XIII de España. El monarca cortejó a la joven a pesar de la oposición que existía, y también a pesar de que su madre, la reina María Cristina, no era partidaria de este enlace, debido a los oscuros orígenes de la línea Battemberg.

A los pocos meses, concretamente el 9 de marzo de 1906, se proclamó el enlace, que tuvo lugar el 31 de mayo de 1906 en la iglesia madrileña de San Jerónimo Real en Madrid.
La Reina era portadora del gen de la hemofilia, algo que Alfonso XIII sabía, sin embargo, cuando varios de los hijos salieron hemofílicos, el amor del rey acabó y le retiró la herencia a la reina. El matrimonio tuvo cinco varones y dos mujeres.

A esta reina se le conocía como la “Reina Enfermera”. La Historia de la Cruz Roja está muy ligada a la historia de las enfermeras y a la historia de la reina Victoria Eugenia como enfermera, la cual vistió durante un tiempo el uniforme de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española.

Victoria Eugenia de Battenberg muere en 1985, siendo sus restos  trasladados desde Lausana y depositados en el pudridero de reyes, donde permanecerán largo tiempo, hasta que, una vez reducidos, puedan ser depositados en la tumba que tiene asignada, junto a la de su esposo, Alfonso XIII.

La Reina Enfermera y la Cruz Roja

Hasta finales del siglo XIX las bases de la enfermería, en el mundo católico, eran la religión y la caridad y no tanto el conocimiento científico. Pero en la Europa protestante, Florence Nightingale trataba de integrar la Enfermería de forma independiente permitiéndole la elaboración en un futuro y dentro de los limites científicos una síntesis doctrinal. Esto fue posible gracias a la fundación y expansión de las Escuelas de Enfermería de las que ella fue pionera.

La serie de Nueva Gales conmemora el Jubileo de la Reina Victoria de Inglaterra, la cual promovió en la Enfermería una cuestación popular, con ocasión de su Jubileo e inició con su propia aportación, instando al gobierno que el resultado de la cuestación se destinase para la construcción de una Escuela para Enfermeras en el Hospital Antituberculoso.

La Cruz Roja fue fundada en 1863 por el masón Henry Dunant con el nombre de Comité Internacional de Socorros a los Militares Heridos, e inspirada por Florence Nightingale y su labor en la Guerra de Crimea. Concebía una organización internacional con un cuerpo de enfermeras voluntarias para ayudar a los heridos durante los conflictos bélicos. La creación de la Cruz Roja Española tardó en llevarse a cabo a causa de los cuidados de enfermería en España, ya que estaban asignados a comunidades religiosas, hasta 1915 cuando oficialmente nace la figura de la enfermera.

Además, la Cruz Roja Española se extiende en España por iniciativa de la reina Victoria Eugenia, un cuerpo de enfermeras a semejanza de otros países de Europa, con la finalidad de desarrollar funciones de voluntariado sociosanitario: el Cuerpo de Damas Enfermeras. El periodo de existencia del Cuerpo de Damas Enfermeras abarca desde la impartición de las primeras “conferencias” formativas, en 1914, hasta 1985, cuando es sustituido por el colectivo mixto: Cuerpo de Auxiliares Sanitarios Voluntarios.

Las Damas Enfermeras nacen al estallar la Primera Guerra Mundial, donde la reina destaca por su importante papel dentro de la enfermería española. Consiguió despertar y animar en las damas de la alta jerarquía social española el anhelo de ayudar a los enfermos con el trabajo personal junto con las limosnas.

Con el Real Decreto del 16 de enero de 1916, que aprobaba las bases para la reorganización de la Cruz Roja en España, se establecieron dos secciones, la de Caballeros y la de Señoras, presidida esta última por la Reina Victoria Eugenia. Ejercía además la Autoridad Suprema por autorización del Rey Alfonso XIII. El Real Decreto de 29 de junio de 1916 aprobó el reglamento de la Asamblea Central de Señoras.

-La labor de las Damas Enfermeras se desarrolla en hospitales, aunque también colaboran en otros servicios de diferentes centros (dispensarios antituberculosos, ambulancias…

-Se dedican a la promoción de la salud pública y colaboran en situaciones de emergencia como accidentes, catástrofes o desastres naturales y  en situaciones de peligro epidemiológico.

-Intervienen en tiempo de guerra, como en el conflicto de África, en el que tienen un importante papel, en la Guerra civil, atendiendo heridos en los hospitales de la Institución. Como bien se ha dicho anteriormente.

Bibliografía

Barranquero Fernández, Alejandro. La reina Victoria Eugenia y las enfermeras de la Cruz Roja. Prezi, 14.05.2015. Disponible en  https://prezi.com/1nssdutgl1ej/la-reina-victoria-eugenia-y-las-enfermeras-de-la-cruz-roja/

Expósito González, Raúl. Ena “La Reina Enfermera”. Enfemería Avanza (blog), 12.09.2010. Disponible en  http://enfeps.blogspot.com.es/2010/09/ena-la-reina-enfermera.html

Mas Espejo M, Siles González J, Pulido Mendoza R. ¿Qué sabemos de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española? Rev Metas de Enfermería 2015; 18(8): 12-19.

Miralles Sangro, Mª Teresa. La enfemería según los documentos filatélicos. Revista Enfermería en Desarrollo. Disponible en  http://www.enfermeriaendesarrollo.es/index.php/en-sociedad/119-la-enfermeria-segun-los-documentos-filatelicos

Victoria Eugenia de Battenberg. Wikipedia. Disponible en  https://es.wikipedia.org/wiki/Victoria_Eugenia_de_Battenberg

Diez “Tesis” para una Historia de la Enfermería visible

Cómo citar este documento

Amezcua, Manuel. Diez Tesis para una Historia de la Enfermería visible. Index de Enfermería 2015; 24(4):199-201. Disponible en http://www.index-f.com/index-enfermeria/v24n4/199201.php

Las actividades que a lo largo del año 2015 se han venido realizando en España para conmemorar el centenario de la creación del título de enfermera, en un número relativamente discreto (http://index-f.com/gomeres/?p=861), han puesto de manifiesto una realidad un tanto desconcertante: el escaso conocimiento que las enfermeras tenemos sobre los principales hitos que han marcado el devenir histórico de esta profesión.1 O también la escasa importancia que se les otorga cuando se conocen. Para muchos ha resultado una sorpresa saber que el arranque oficial de la versión laica de la Enfermería fuese promovido en España por una modesta comunidad de religiosas, las Siervas de María Ministras de los Enfermos.2 De hecho no estaba en el catálogo de congregaciones vinculadas al ejercicio enfermero. O al menos no era tan conocida como otras mucho más estudiadas, como las Hijas de la Caridad, los Hermanos Obregones o los Hermanos de San Juan de Dios. También ha resultado chocante la constatación de que el título de enfermera haya estado en nuestro país vinculado siempre al entono universitario, en contra de lo que muchos piensan, de que apenas acaba de entrar con el nuevo título de Grado.3

Desde que Domínguez Alcón inaugurase en los años 80 la primera generación de historiadores de la Enfermería española,4 los hallazgos han ido sucediéndose a la par que aumentaba el interés por la historia de la profesión, en buena parte desvirtuada por la ideología dominante en cada época.5 La construcción de la nueva historia de la Enfermería, como afirma Siles, solo es posible en marcos políticos democráticos en los que la ideología predominante está en consonancia con el sistema político.6 En este caso la historia de la profesión se pone al servicio de un empeño ubicado en plena transición democrática: la restauración de los estudios de Enfermería, que habían sido abolidos y sustituidos por un desempeño subalterno (Ayudante Técnico Sanitario) durante la dictadura franquista.

En los años siguientes la producción española sobre Historia de la Enfermería va a experimentar un crecimiento exponencial, tanto en forma de monografías como en las nuevas revistas especializadas que van a ir surgiendo (Index de Enfermería, Híades, Cultura de los Cuidados, Temperamentvm). Más recientemente, la posibilidad de doctorarse en programas específicos de Enfermería está generando una sólida producción sobre líneas muy concretas de la historia de los cuidados y de la profesión enfermera, sirva como ejemplo la colección “Arte y Ciencia de la Sanación. Historia de la  Educación”, dirigida por Hernández Conesa (Universidad de Murcia).

Hemos avanzado mucho en la definición de la imagen social e histórica de la Enfermería, pero aún queda mucho más por desentrañar sobre el conjunto de comportamientos, pensamientos y sentimientos implicados en el proceso de satisfacción de necesidades de los grupos humanos.7 En este sentido y con un fin estrictamente docente, he venido trabajando en los últimos años con mis alumnos de Historia de la Enfermería en la identificación de áreas de interés y lagunas de conocimiento que tienen un gran potencial para explicar los cambios que se han operado a lo lago de la historia en el ejercicio del cuidar.

Se trata de afirmaciones teóricas o ejercicios especulativos que inducen al estudio y la indagación, que invitan a confirmarlas o refutarlas de manera racional y científica, apoyándose en el pensamiento reflexivo y la investigación. Por ello les llamamos Tesis (conclusión o proposición que se mantiene con razonamientos, DRAE), porque estamos seguros que tienen un gran potencial para estimular líneas sólidas de investigación en el campo de la historia y el pensamiento enfermero.

Mostramos a continuación nuestras diez tesis con la esperanza de que resulten lo suficientemente provocadoras para que logren estimular el interés entre investigadores y doctorandos por los aspectos más complejos de la historia de nuestra profesión: la identidad, la memoria colectiva, la ideología, el poder, el sistema político, etc. Y cuando menos, que sirvan para lo que hasta ahora han sido utilizadas, como estrategia pedagógica para cultivar el espíritu crítico entre el alumnado y para hacer visible el potencial del legado que la Enfermería aporta a la humanidad.8 Cada tesis se acompaña de un breve comentario que solo pretende aclarar la idea, sin desarrollarla.

Diez Tesis

 1. El cuidar es una actividad tan antigua como la humanidad.

El primer llanto del niño al nacer es la expresión más elocuente de la necesidad de cuidado. El cuidado es inherente a la condición del ser humano.9 A nivel familiar o institucional, el cuidado siempre está presente entre nosotros.

2. En todos los periodos de la historia se documentan actividades profesionales orientadas a proporcionar cuidado de unas personas a otras.

Se constata en los hallazgos arqueológicos más remotos de todas las culturas, donde aparecen evidencias de la existencia de aflicciones y enfermedades, y de que estas se han encarado de forma individual o colectiva, desde un plano doméstico o profesional.

3. La palabra Enfermería siempre ha estado asociada a una dimensión profesional.

Por tanto, cada vez que aparezca el término enfermera o enfermero no ha de dudarse de su condición de profesional del cuidado, con independencia de su contexto, el marco legislativo, las condiciones políticas o religiosas. No se concibe el cuidado de Enfermería fuera de la profesión enfermera, aunque existan otras formas de cuidado.

4. La evolución del cuidado de Enfermería ha estado condicionada por la manera en que la sociedad satisface sus necesidades, de forma individual y colectivamente.

En este sentido, la historia de la Enfermería es la historia de una adaptación. Las enfermeras (laicas o religiosas, mujeres u hombres) siempre han antepuesto el compromiso social a sus posibilidades de desarrollo profesional, aunque para ello hayan tenido que cuidar en el seno de instituciones, profesando en una religión, o de forma laica sin percibir remuneración alguna. Este es un fuerte rasgo identitario que a veces se ha confundido con una debilidad como profesión con dificultades para defender sus intereses corporativos.

5. Desde que se tiene constancia documental, el cuidado de Enfermería aparece regulado en normativas institucionales.

En cierta forma, es la Enfermería en su diversidad de expresiones la que ha generado instituciones de salud para poder desarrollar su actividad cuidadora en plenitud. El caso de los hospitales es el más elocuente. El proceso de medicalización de los sistemas sanitarios se ha producido de manera mucho más reciente.

6. Los poderes instituidos siempre han aspirado a instrumentalizar el ejercicio de la Enfermería.

El reino de la Enfermería es el mundo cotidiano del paciente y su familia,10 que algunos poderes han contemplado como un espacio de dominación. Así lo entendió la Iglesia Católica cuando a partir del concilio de Trento determina que el cuidado ante la adversidad ha de ser ejercido por personas consagradas.11 Posteriormente, también lo han hecho las instituciones médicas en un proceso inacabado de medicalización de la vida cotidiana donde pretende ejercer su hegemonía.12,13

7. La mentalidad y la ideología establecidas han tenido un influjo determinante en el grado de autonomía de las enfermeras.

Acorde con la etimología de la palabra cuidar (del lat. cogitare, pensar), la práctica de la Enfermería ha de sustentarse en formas de pensamiento y por tanto habrá tantas enfermerías como mentalidades puedan concebirlas. A diferencia del conocimiento científico-técnico, que tiende a sustituirse en función de sus avances, el pensamiento enfermero tiene un efecto agregatorio, lo que explica la yuxtaposición de modelos que se produce conforme la sociedad avanza (es propio de nuestra sociedad la convivencia de modelos de cuidados de tipo doméstico, con otros de origen mágico-religioso, o con prácticas asistencialistas e institucionales, y en todas ellas se dan formas de práctica profesional. Ver figura 1).

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8. Solo cuando socialmente se ha identificado la capacidad transformadora de la Enfermería como actividad procuradora de salud, ha sido posible legislar el título de enfermera.

No fue la posición administrativa de Florence Nightingale lo que hizo posible la creación de la escuela de Enfermería del Saint Thomas Hospital de Londres, cuyo modelo de formación influiría en casi todo occidente. Lo que habilitó la posibilidad de un ejercicio enfermero socialmente reconocido fue los resultados de la labor realizada por las enfermeras nigthingalianas en el Hospital de Scutari (Turquía) durante la guerra de Crimea, puestos de manifiesto en las primeras estadísticas sanitarias que Florence envió a Londres para demostrar el espectacular descenso de la mortalidad entre los heridos. Puede ser interesante analizar la creación del título de enfermera en cada país a la luz de esta proposición.

9. El mayor grado de desarrollo profesional de la Enfermería se ha logrado cuando el ejercicio enfermero ha estado regido por principios profesionales, enseñado por las propias enfermeras y gestionado con autonomía.

Por el contrario, las realidades basadas en la dependencia hacia otras disciplinas han oscurecido el devenir de la profesión, debilitándola a tal extremo que se ha llegado incluso a suplantarla por otros perfiles subalternos. Durante años, organismos internacionales tan influyentes como la Organización Mundial de la Salud, han instado a los países a fortalecer la Enfermería por su impacto en la salud de los ciudadanos.

10. Una visión integradora (no selectiva) de la Historia de la Enfermería ha de contribuir a normalizar la identidad de las enfermeras como profesionales llamados a prestar un servicio esencial a la humanidad.

La Enfermería es una profesión que ontológicamente entronca con los orígenes del ser humano como especie. De esta manera, el conocimiento cabal de su historia permite comprender una dimensión importante de la evolución humana, la que tiene que ver con la forma de satisfacer nuestras necesidades relacionadas con la supervivencia.

El conocimiento de la historia de la Enfermería cumple también una función esencial para los propios profesionales, la de desobstruir su proceso de socialización como grupo y la creación de su memoria colectiva.6 Nos ayuda a comprender los conceptos centrales que configuran la disciplina enfermera y las formas de pensamiento que la han hecho evolucionar como ciencia aplicada.

Finalmente, la historia hace visible la verdadera naturaleza de la Enfermería, a la vez que combate las falacias que tanto estropean la identidad profesional. Ni la Enfermería se encuentra en un estado embrionario crónico (los fundamentos de la profesión ya están formulados), ni es una profesión propia de mujeres (aunque dominan sobre su quehacer los valores de la feminidad), ni ha surgido de la subalternidad (aunque en su independencia comparte con otros profesionales las relaciones de interdependencia necesarias para resolver los problemas complejos de la salud).

La historia de la Enfermería no puede entenderse como una suma de acontecimientos cronológicos aislados, flotando en el pasado como casualidades sin relación aparente. ¿Cómo ha de hacerse entonces? La Enfermería se ha construido en la historia a partir de demandas sociales expresadas de manera muy concreta cuando se trata de satisfacer necesidades básicas alteradas por enfermedades u otras aflicciones, o como consecuencia de calamidades, crisis y carestías. Desarrollando intervenciones enfermeras culturalmente congruentes, con arreglo a las formas de pensamiento, los usos de la vida cotidiana y la influencia de los conocimientos bio-médicos. Y concretándose como saber práxico-prescriptivo en el marco legislativo de cada época, normalizándose en el contexto gubernamental, incorporándose en los ordenamientos institucionales, hasta finalmente alcanzar la autorregulación como una de las profesiones más consolidadas y socialmente más reconocidas.

En la pedagogía de la historia, los profesionales de Enfermería tenemos que apartarnos de discursos lastimeros para sentir la necesidad de establecer sólidas alianzas con la ciudadanía,14 de asumir el compromiso que como ciencia aplicada nos corresponde:15 devolver a los ciudadanos el conocimiento que ellos nos prestaron, transformándolo en soluciones creativas y efectivas para mejorar su bienestar.

Bibliografía

  1. Amezcua, Manuel; González Iglesias, Mª Elena. La creación del título de Enfermera en España: ¿cien años de una incoherencia histórica? Index de Enfermería 2015; 24(1-2): 7-9.
  2. González Iglesias, María Elena; Amezcua, Manuel; Siles González, José. El título de enfermera en España a través del análisis documental: el caso de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Temperamentvm 2010; 6(12). Disponible en http://www.index-f.com/temperamentum/tn12/t1210.php [acceso: 10/08/2015].
  3. Amezcua, Manuel. La integración de la Enfermería en la Universidad: una historia inacabada. Temperamentvm 2015, 22. Disponible en http://www.index-f.com/temperamentum/tn22/t2200.php [acceso: 10/08/2015].
  4. Domínguez Alcón, Carmen. La infermería a Catalunya. Barcelona: Ed. Rol, 1981.
  5. Amezcua M. “Los estudios y los estudiosos de los cuidados en España: lo histórico como elemento de identidad”. Index de Enfermería. 1993; 2 (4-5):16-24.
  6. Siles González, José. La construcción social de la Historia de la Enfermería. Index de Enfermería 2004; 13(47): 7-10.
  7. Siles J. Antropología narrativa. Alicante: CECOVA, 2000.
  8. Reina Leal, Liliana Marcela; Amezcua, Manuel; y Red Internacional de Centros Colaboradores de la Fundación Index. Comentarios a DEGRA Declaración de Granada sobre Conocimiento Enfermero. Index de Enfermería 2013; 22(4):246-247.
  9. Waldow, Vera Regina (comp.). El Cuidado de Enfermería: reflexiones entre dos orillas. Granada: Fundación Index, 2014.
  10. Amezcua, Manuel; Hernández Zambrano, Sandra Milena. Investigación sobre el cotidiano del sujeto: oportunidades para una ciencia aplicada. Texto Contexto Enferm 2012; 21(3):675-683.
  11. Hernández Conesa, Juana M; Maldonado Suarez, Enrique; Navarro Perán, María Ángeles; Beneit Montesinos, Juan Vicente. El modelo educativo y sanitario de la España tridentina: entre la auctoritas y la potestas. Murcia: Diego Marín Ed., 2013.
  12. Illich, Ivan. Némesis Médica. La expropiación de la salud. Barcelona: Barral ed., 1975.
  13. Foucault, Michel. El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. Madrid: Siglo XXI, 2007.
  14. Amezcua, Manuel. Enfermeras y Sociedad, ¿son pensables las alianzas? Index de Enfermería 2014; 23(1-2): 7-9.
  15. Amezcua Manuel. From production to discovery: looking for the social impact of publications. Texto contexto – enferm.  2015  June;  24( 2 ): 299-300.

Stanisława Leszczyńska, la partera de Auschwitz

Autora: Julia Kuziemska, 1ºA (2015-2016)

Biografía

Stanisława Leszczyńska (Sierva de Dios, es decir una persona considerada especialmente pía en su fe) nació el 8 de mayo en el año 1896 en Lodz (Polonia), en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Cuando Stanislawa tenía cinco años de edad, su padre fue reclutado por el ejército ruso, y durante cinco años sirvió en Turquestán. La carga de mantener a la familia cayó por completo en Henryka, que trabajó duro en una fábrica durante catorce horas al día. En tal situación, Stanislawa tomó sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar a sus hermanos y realizar muchas tareas de la casa. Al cumplir siete años Stanislawa asistió a una escuela privada, donde las clases se impartían en polaco; lo que no es tan obvio dado que  durante este periodo la ciudad de Lodz se encontraba bajo la influencia rusa (en el 1795 las estructuras gubernamentales de Rusia, Prusia y Austria llevaron a la eventual desaparición del país. Polonia recobró su independencia tras la Primera Guerra Mundial, en el 1918).

En el 1908 para ganarse la vida su familia emigró a Brasil donde residía una familiar de su madre. Ahí Stanisława asistió a una escuela de Río de Janeiro, en la que las clases se impartían en portugués y alemán. El conocimiento de este último resultó  extremadamente importante durante la Segunda Guerra Mundial. Después de dos años, junto con su familia regresó a Polonia.

Durante la Primera Guerra Mundial durante los años 1914-1916 trabajó en el Comité para la Ayuda a los Pobres. En el año 1916 se casó con un impresor, Bronislaw Leszczynski, y tuvieron cuatro hijos. Ya estando casada realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Maternidad en Varsovia, que terminó con Matrícula de Honor. Tras graduarse comenzó el trabajo de partera; ese trabajo trató más bien como una vocación y ministerio que como una profesión. En el periodo de entreguerras Stanislawa asistía a partos en casas particulares – en ese tiempo el dar a luz en casa fue algo natural. Durante los 38 años de su trabajo como partera no murió ni un solo niño que nació, y ni una sola madre que dio a luz.

Durante la Segunda Guerra Mundial frecuentemente ayudaba a los judíos y las personas amenazadas por la Gestapo (la policía secreta oficial de la Alemania nazi): proporcionaba alimentos y documentos falsos producidos en secreto por su marido en su imprenta. En 1943 fue arrestada y llevada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Recibió el número 41335.

Partera de Auschwitz Birkenau

En Auschwitz Birkenau, Stanisława Leszczyńska trabajó de partera hasta la liberación del campo por el Ejército Rojo el 27 de enero del año 1945. Las autoridades nazis (entre otros el famoso médico Dr. Mengele, quien realizó investigaciones genéticas con humanos) exigían que Stanislawa practicase la eutanasia de los recién nacidos: a los niños judíos después del nacimiento no había que cortar el cordón umbilical, sino con la placenta tirarlos a la basura. Ella nunca cumplió esa orden. Leszczyńska no mató ni a un solo niño, y siempre que fuera posible, intentaba envolverlos en retazos de tela o papel y ponerlos bajo las mantas ásperas de la madre.

Las condiciones que predominaron en el campamento estaban lejos de la esterilidad. Para acentuarlo hay que mencionar que por 1200 pacientes al día había solo unas pastillas de aspirina. Partos de las madres agotadas, hambrientas, asustadas fueron recibidos en condiciones inhumanas, en la tierra, en el frío, entre diferentes insectos y enfermedades. A pesar de eso, Stanislawa Leszczynska se hizo famosa gracias al hecho de que las mujeres, a las que acompañó durante el nacimiento del parto, a pesar de la extrema falta de higiene nunca tuvieron infección o complicación alguna.

El equipamiento inseparable de esta matrona polaca, en sustitución de los apósitos, fue un rosario. Trabajaba con una oración en sus labios. Lo que es más, bautizó a todos los niños. Asistió a alrededor de 3.000 partos. Unos 2.500 recién nacidos murieron, unos pocos cientos con los ojos azules fueron enviados a Alemania para ser germanizados, unos treinta salieron del campo por su propia fuerza.

Fuentes y Bibliografía

-Gnacikowska W, Podolska J. Przybądź w jednym pantofelku. Gazeta Wyborcza Łódź. 2010. (artículo disponible solo en polaco).
– Sin autor. Stanisława Leszczyńska. Wikipedia. Disponible en: https://pl.wikipedia.org/wiki/Stanis%C5%82awa_Leszczy%C5%84ska
-Sin autor. Stanisława Leszczyńska 1896–1974. Wirtualnym Muzeum Pielęgniarstwa Polskiego (Museo de la Enfermería en Polonia, página en polaco). Disponible en http://www.wmpp.org.pl/pl/pielegniarki-na-frontach/ii-wojna-%C5%9Bwiatowa/stanis%C5%82awa-leszczy%C5%84ska.html
-Szkudelska I. Stanisława Leszczyńska. Głos Ojca Pio [revista], 65/5/2010. Disponible en: http://glosojcapio.pl/index.php?option=com_content&task=view&id=2433&Itemid=75

Sor Josefina Castro Vizoso, fundadora de la Escuela de Enfermería de Granada

Autora: Julia Bonilla Fernández, 1º B (2015-2016)

 

Sor Josefina Castro Vizoso (Córdoba, 1927) es la Presidenta de Honor de la Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada y Provincia (ASPACGRAP), la fundadora de la Escuela de Enfermería de Granada y la precursora de la Rehabilitación Cardiaca en el Hospital Clínico San Cecilio de Granada. Es una enfermera con gran vocación, con una admirable dedicación a sus pacientes a lo largo de toda su vida, y que ha realizado sus labores tanto en asistencia sanitaria, como en docencia, investigación, administración y producción escrita.

Formación propia y de enfermeros

Es Hija de la Caridad de San Vicente de Paul oficialmente desde los veinte años, aunque ya tenía clara su vocación a la edad de quince. Durante los próximos años se ocupó de su formación como enfermera y trabajadora social. Tenía voto de servicio a los pobres, y creía que “la enfermedad es la mayor pobreza”. Tras obtener los títulos de Asistente Social y Enfermera, en 1950 viajó a Estados Unidos, donde aprendió la organización de las escuelas de enfermeras durante un año.

Más tarde, la destinaron a fundar la primera escuela oficial de enfermería a Carabanchel (Madrid). En 1953 fundó la Escuela de Enfermeras de Granada, adscrita al Hospital Clínico y a la Universidad de Granada. Dedicó dieciocho años a la formación de enfermeras, con dura disciplina tanto teórica como práctica. Consiguió elevar el prestigio nacional e internacional de la Escuela de Granada, las enfermeras se cotizaron mucho.

2009. Diploma al Mérito de la ciudad de Granada

Labor clínica y voluntaria

Posteriormente comenzó a trabajar en el Hospital Clínico de Granada. Fue supervisora de la primera unidad de cuidados intensivos quirúrgicos, trabajó en la Unidad Coronaria y en la UVI, e inició su labor investigadora con el fin de mejorar en los cuidados y elevar la calidad de vida del paciente. En 1990 asistió al Congreso Nacional de Cardiología donde mostró los escandalosos resultados de un estudio sobre la calidad de vida de los pacientes coronarios con información recogida durante la hospitalización.

Sor Josefina se jubiló en 1997, pero continuó como voluntaria y se implicó en un proyecto para crear un programa de rehabilitación de pacientes coronarios.  Sin embargo, la Administración obstaculizaba sus objetivos y decidieron buscar los medios necesarios por su propia cuenta. Al principio tenían pocos recursos y contaron con 20 enfermos, así se formó la Asociación de Pacientes Coronarios de Granada (ahora la Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada y su Provincia) en 1999. Sor Josefina fue nombrada Presidenta de Honor Vitalicia el 5 de marzo de 2004. Actualmente, la ASPACGRAP es  una entidad sin ánimo de lucro, con personalidad jurídica propia y plena capacidad de obrar para proporcionar acciones de ayuda mutua entre los pacientes cardiacos, que refuercen el necesario apoyo social, realizando la tercera fase de rehabilitación cardiaca.

SOR

Otras labores destacables

Sor Josefina domina tres idiomas: inglés, alemán y francés. Escribió dos obras sobre técnicas de enfermería, realizó un estudio histórico sobre la profesión, colaborando con numerosos artículos científicos. También participa en el comité editorial de la revista de la Asociación. Cabe destacar que tradujo por primera vez al español la obra más universal y divulgativa de Florence Nightingale (1820-1910) “Notas sobre enfermería: qué es y qué no es”, la única traducida al castellano. Sor Josefina se identificó con el pensamiento de Nightingale e intentó inculcar sus valores a sus alumnos. Así, se desmarcaba del absoluto tecnicismo propio de las escuelas de ATS de mitad de siglo, término que considera “nefasto”.

Para conocer en mayor profundidad la labor de esta gran enfermera, es recomendable leer el relato biográfico publicado por Manuel Amezcua y Antonia Carricondo Guirao (referenciado en la bibliografía), del cual me fascinaron las siguientes frases de Sor Josefina:

-Con respecto a la vocación: “no estoy de acuerdo con el sistema de selección de alumnos que realiza la Universidad hace unos años, ni de que terminen la carrera todos los alumnos y alumnas que empiezan: para ser enfermera se necesita algo más importante que un alto expediente académico.”

-Con respecto a la herramienta enfermera: “¿La principal herramienta?, primero el corazón, sin sensibilidad no se puede cuidar enfermos, y después las manos. Por supuesto, el corazón va unido a la palabra. Y debían de hablar mucho, sobre todo escuchar mucho, el escuchar es una ciencia (de las más) hermosas y se practica poco.”

Fuentes bibliográficas

-Amezcua, Manuel; Carricondo Guirao, Antonia. ‘Bajo tu mirada servimos’. Josefina Castro Vizoso, Hija de la Caridad y enfermera jubilada. Index de Enfermería 1999. VIII(26):40-47. Disponible en: http://www.index-f.com/index-enfermeria/26revista/26_articulo_40-47.php  [acceso: 16/01/2016].
-Amezcua, Manuel. Florence Nightingale, en la memoria colectiva. Temperamentvm, 10/2009. Disponible en: http://www.index-f.com/temperamentum/tn10/t3009.php [acceso: 16/01/2016].
-Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada y su Provincia: Publicaciones [Internet]. Disponible en: http://www.vivirconcorazon.com/Publicaciones_Calidad_de_Vida_Sor_Josefina_Castro_Vizoso.html [acceso: 16/01/2016].
-Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada y su Provincia: Quiénes somos [Internet]. Disponible en: http://www.vivirconcorazon.com/Nosotros_Quienes_somos.html [acceso: 16/01/2016].
-Aybar, Irene. Entrevista a Sor Josefina Castro Vizoso. Irene Aybar: comunicación, socialmedia y diseño [blog], 10/2010. Disponible en http://ireneaybar.blogspot.com.es/2010/11/entrevista-sor-josefina-castro-vizoso.html [acceso: 16/01/2016].
-Fernández, Victoria. Solo quiso ser la mejor enfermera del mundo. Ideal, 02/07/2012 http://www.ideal.es/granada/20120702/local/granada/solo-quiso-mejor-enfermera-201207021122.html [acceso: 16/01/2016].

Trinidad Gallego, fundadora del Comité de Enfermeras Laicas

Autora: Lucía Vargas Mancera, 1ºA (2015-2016)

Trinidad Gallego nació en el barrio de Salamanca de Madrid, en el seno de una familia trabajadora compuesta exclusivamente por mujeres: su abuela, portera de un edificio, su tía que servía en la primera planta del mismo y su madre, costurera. Nunca llegó a conocer a su padre, pues las abandonó antes de nacer.

Fue criada en gran medida por su abuela, ya que su madre en invierno tenía una larga jornada de trabajo y durante el verano se iba con los señores a los que servía. Ella le enseñó a realizar las tareas del hogar y fue la responsable de que, desde muy pequeña, fuera al colegio para favorecer que su nieta tuviera un futuro mejor.

A los 14 años ingresó en la Academia del Ayuntamiento para aprender taquigrafía (arte de escribir tan deprisa como se habla), mecanografía y francés. Al poco tiempo, visitó un piso del edificio en el que trabajaba su abuela el Ministro de la Cámara de Comercio inglesa, quien le ofreció su primer puesto laboral. Este lo compaginó con otro empleo en un salón de té.

Posteriormente hizo el primer curso de Enfermería, se convirtió en matrona. En 1935 se afilió al partido Comunista y fundó el comité de Enfermeras Laicas para denunciar el monopolio de las plazas hospitalarias por parte de las órdenes religiosas femeninas. Con el estallido de la guerra un año después, su partido le recomendó que trabajase en el hospital San Carlos y que en él formase un comité que propiciase la organización y asistencia sanitaria. Fue nombrada enfermera jefe, cuya misión era buscar y organizar los suministros.

Cuando acabó el conflicto bélico, uno de sus vecinos falangista la denunció, siendo encarceladas con ella su madre y su abuela durante 30 años. Fue trasladada al poco tiempo a una prisión maternal para que además de cumplir condena, ayudara como matrona. Salió en 1941. Su abuela y madre se quedaron en Madrid. Ella consiguió en Valencia trabajar en una clínica hasta febrero de 1942 cuando la volvieron a detener y encarcelar durante dos años y medio.

Al salir encontró trabajo en la clínica de un cirujano al que conocía en Córdoba, el cual abusaba de ella. Tres años después consiguió colegiarse en Jaén y fue destinada a un pequeño pueblo rural. Se le volvió a encarcelar por “auxiliar a bandoleros”. En 1949 consiguió de nuevo la libertad con un estado de salud bastante precario.

Se trasladó a Barcelona para comenzar una nueva vida. Hasta 1969 no se le reconocieron oficialmente sus títulos de enfermera y comadrona. Finalmente falleció el 15 de Noviembre de 2011, recibiendo múltiples homenajes, entre ellos por parte de sus compañeros del PSUC.

Cabe destacar que:

-En 1996 la librería de Mujeres de Madrid celebró el 65 aniversario de la Segunda República y homenajeó a todas las mujeres que con un papel importante en este tiempo convulso, entre las cuales se encontraba Trinidad.
-Formó parte de Associació Dones del 36 con el objetivo de recordar que los avances políticos de los que gozan las mujeres no llegaron con el periodo de la transición en 1975, sino en la Segunda República.
-Su testimonio ha sido recogido en numerosos libros: “Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas” de Tomasa Cuevas; “Nosotras perdimos la paz”, de Llum Quiñonero; o “Nou dones i una guerra” de Isabel Olesti.

Bibliografía

-Hernández Holgado, Fernando. Recuerdo de Trinidad Gallego, enfermera comunista. L’ACIM (blog) 13/11/2011. Disponible en http://www.fcim.cat/bloc/2011/11/13/recuerdo-de-trinidad-gallego/

-Fil Roig. Associació per la Memòria Històrica. Trinidad Gallego 1913-2011.YouTube, 18/12/2011. Disponible en https://youtu.be/grUQFBmCQOM

-Sanz, Víctor J. Ha muerto la histórica militante comunista Trinidad Gallego. Tercerainformacion (blog) 15/11/2011. Disponible en http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article30791

-Sin autor. La Guerra Civil 70 años después. Trinidad Gallego. elmundo.es. Disponible en http://www.elmundo.es/especiales/2006/07/espana/guerracivil/hist_gallego.html

Mercedes Milá Nolla, líder de las Enfermeras Visitadoras

Autora: Cristina Becerra, 1ºB (2015-2016)

Mercedes Milá Nolla fue una gran enfermera en el siglo XX, nacida en Barcelona el 22 de Septiembre de 1895. Por circunstancias familiares se trasladó a vivir a Madrid y fue allí donde estudió Enfermería en la Cruz Roja Española. Su padre era Comandante de la Marina y le inculcó la disciplina, la entereza y la fortaleza para avanzar en su trabajo como enfermera. Realizó en Londres un curso universitario de Directoras de Escuelas y Hospitales. A partir de ahí su padre muere y ella se queda sola en Madrid pues su madre vuelve a Barcelona. Se hace Visitadora Sanitaria realizando numerosos viajes de estudios y visitando escuelas de enfermería de diferentes países. Llegó a ser Presidenta de la Asociación Profesional de Visitadoras Sanitarias y más tarde la nombraron Inspectora Secretaria de la Escuela de Instructoras de Sanidad. Su carrera era imparable y su trabajo quedó reflejado en una revista que ella misma fundó “La Visitadora Sanitaria”.

Hacia 1935 se creó la Escuela de Enfermeras Sanitarias, de la Dirección General de Sanidad donde ella fue profesora. Unos años después se inicia la Guerra Civil y ella se encargó de hacer del Hotel Ritz un hospital para ayudar a los heridos. Durante esta época fue perseguida y decidió huir junto a su madre. Trabajó en Suiza y en Francia hasta regresar de nuevo a España en donde Francisco Franco la hizo directora de la enfermería de los hospitales. Su trabajo fue ejemplar y la nombraron Inspectora General de los Servicios Femeninos de Hospitales, se hizo cargo de miles de sanitarios y de cerca de nueve mil enfermeras, esta función la desempeñó durante toda la Guerra.

Posteriormente le mandaron crear el Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar que fue fundado en 1941. Estas Damas fueron las primeras mujeres que entraron en el ejército, voluntariamente, sin esperar nada a cambio y con un único fin: “servir”. Mercedes Milá dedicó muchos años a este cuerpo, creó el boletín Cruz de Malta, colaboró en algún libro, asistió a congresos en varios países, recibió premios y condecoraciones hasta morir en Madrid el 13 de diciembre de 1990.

Mercedes Milá Nolla fue un gran ejemplo de lo que es el entusiasmo por la Enfermería tanto en situaciones de paz como en la guerra, nada le frenaba, ni el hecho de que la quisieran matar. Impulsó, controló y coordinó la proyección sanitaria de la mujer española; luchó por sacar adelante un incipiente cuerpo de enfermeras. Fue una gran enfermera y un ejemplo a seguir.

En el siguiente enlace podéis encontrar numerosos videos y recortes de prensa de las Damas Auxiliares de la Sanidad Militar: https://sites.google.com/site/damasdesanidadmilitar/videos

También existe un grupo de Facebook con mucha información al respecto: https://www.facebook.com/groups/141615112524394/452780668074502/

Bibliografía

Redacción. Audiencia Militar del Jefe de Estado. ABC. 1968. Disponible en: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1968/10/16/049.html

Sin Autor. Mercedes Milá Nolla, la abnegación. Madrid. Fundación Nacional Francisco Franco [blog]. Disponible en: http://www.fnff.es/Mercedes_Mila_Nolla_la_abnegacion_913_c.htm

Sin Autor. Las Damas de Sanidad Militar: un cuerpo casi desconocido. Damas Auxiliares de Sanidad Militar [blog]. Disponible en: https://sites.google.com/site/damasdesanidadmilitar/un-poco-de-historia-1

La lepra y los leprosos

Autora: Miriam Calvo González, 1º A (2015/16).

La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por un bacilo acidorresistente llamado Mycobacterium leprae. Afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. Se trata de  una enfermedad curable. Si se trata en las primeras fases, se evita la discapacidad. La lepra tiene dos formas comunes: la tuberculoide y la lepromatosa. Ambas formas ocasionan úlceras en la piel, pero la forma lepromatosa es la más grave y produce grandes protuberancias e hinchazones (nódulos).

Desde 1995, la OMS proporciona gratuitamente a todos los enfermos leprosos del mundo el tratamiento multimedicamentoso, que es una opción curativa simple, aunque muy eficaz, para todos los tipos de lepra. La eliminación mundial de la lepra (es decir, una tasa de prevalencia mundial de menos de 1 caso por 10 000 habitantes) se alcanzó en el año 2000. A lo largo de los últimos 20 años, con el tratamiento multimedicamentoso se ha conseguido curar a cerca de 16 millones de pacientes con lepra.

 

Breve historia de la enfermedad y su tratamiento

La lepra ya era conocida por las antiguas civilizaciones de China, Egipto y la India. La primera referencia escrita a esta infección se remonta aproximadamente al año 600 a.C. A lo largo de la historia, los enfermos leprosos se han visto condenados al ostracismo por sus comunidades y familias.

En el pasado el tratamiento de la lepra era distinto. El primer avance importante se realizó en los años cuarenta con la obtención de la dapsona, medicamento que detuvo la enfermedad. No obstante, la larga duración del tratamiento —de años o incluso durante toda la vida— dificultaba su cumplimiento. En los años sesenta, M. leprae empezó a manifestar resistencia a la dapsona, el único medicamento antileproso conocido por entonces. A principios de los años sesenta se descubrieron la rifampicina y la clofazimina, los otros dos componentes del tratamiento multimedicamentoso.

En 1981, un grupo de estudio de la Organización Mundial de la Salud recomendó el tratamiento multimedicamentoso a base de dapsona, rifampicina y clofazimina, asociación que elimina el bacilo y logra la curación.

Modos de transmisión

El contagio es de persona a persona por contacto directo y prolongado, entre 3 y 5 años. Se produce entre un enfermo no tratado con posibilidad de transmitir (no todos los que padecen lepra contagian) y una persona susceptible, es decir con una predisposición especial para enfermar. Según la estadística el 80% de la población posee defensas naturales contra la lepra y solo la mitad de los enfermos no tratados son contagiantes.
Las vías de transmisión incluyen principalmente, las secreciones respiratorias de una persona enferma y no tratada, y en menor medida en heridas de la piel y secreciones nasales.

Últimas leproserías

Aunque la lepra se puede curar desde los años cuarenta y los leprosos no sufren ya las deformaciones de antaño, la sociedad no ha despojado todavía a esta enfermedad de su estigma repulsivo y morboso. “Somos capaces de dar 500 pesetas por los leprosos, pero no de darles la mano”, dice sor Montserrat, una religiosa que lleva 30 años en la leprosería de Fontilles (Alicante). En España, donde esta patología se considera erradicada, el número de afectados ronda los 5.000, pero solo 600 la padecen en activo.

El Sanatorio Leprológico de Fontilles -el otro que hay en España está en Trillo (Guadalajara)- se levantó a principios de siglo, en un lugar aislado de la serranía alicantina. Sus 130 pacientes forman una pequeña comunidad de leprosos cuyo horizonte no alcanza más allá del muro de tres metros de alto que la rodea. Hoy, con la lepra controlada en España, Fontilles se ha convertido en una residencia de ancianos con minusvalías provocadas por la enfermedad. Juana P. no recuerda su edad, pero aparenta más de 80 años. La encontraron hace dos en una cueva de Mallorca y fue trasladada a Fontilles, casi inválida por una lepra muy avanzada. Según José Terencio, director médico de Fontilles, su caso es “único en Europa, porque la enfermedad le ha afectado a la voz, un síntoma típico del enfermo de lepra medieval”. Por eso habla tan bajito y murmura que se quiere ir a casa por Navidad, pero no tiene a nadie.

Los especialistas calculan que en España, en 1992, hay casi 5.000 afectados por la lepra, aunque José Ramón Gómez aclara que solo unos 600 están activos, es decir, desarrollando la enfermedad. “El resto ya se ha curado, pero continúa en tratamiento para evitar posibles recaídas”, explica.

Vídeo con síntomas visuales

Fuentes

Sin autor. Lepra. Argentina: Ministerio de Salud, s/a. Disponible en http://www.msal.gob.ar/index.php/ayuda/187-lepra

Sin autor. Lepra. Organización Mundial de la Salud, 2014. Disponible en http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs101/es/

Sin autor. Lepra. Medline Plus, s/a. Disponible en https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001347.htm

Sistiaga, Jon. Los últimos de una enfermedad maldita. El País, 14 de diciembre de 1992. Disponible en http://elpais.com/diario/1992/12/14/sociedad/724287607_850215.html

Las Beguinas: su historia y su forma de vida alternativa

Autora: Alicia Rodríguez Fernández, 1º B (2015/16)

Las Beguinas fueron aquellas mujeres cristianas que, en el siglo XII, en Flandes y en los Países Bajos, decidieron agruparse para vivir juntas su deseo de entrega a Dios y a los más necesitados, pero haciéndolo al margen de las estructuras de la Iglesia católica, a la que rechazaban por su corrupción y por no reconocer los derechos de las mujeres. Por ello son consideradas el primer grupo feminista de la historia, pues rehuían las órdenes de los hombres, que en aquella época eran los que regían todo lo relacionado con la política y la religión.

beguinas

Espirituales, pero no religiosas, no pueden considerarse monjas. Constituían una comunidad de mujeres lejos de estar sometidas a ningún tipo de regla o disciplina; mujeres fieles a sí mismas alejadas de cualquier tipo de voto que les reprimiese. Dedicaban su vida a rezar y trabajar, pero no dentro de un monasterio, pues no concebían la Iglesia como institución, pero permanecían estrechamente unidas a la religión cristiana a pesar de ello.

Se encargaron de la defensa de los desamparados y del cuidado de los enfermos, de los niños, de los ancianos, e incluso de los enfermos de lepra, lo cual cabe destacar por su estrecha relación con el tema que estamos dando. En muchos casos también se dedicaban a la enseñanza de niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas. Además, llevaban una vida dedicada a la oración y al trabajo manual, mayoritariamente con materiales textiles, gracias a los cuales podían financiarse. No tenían ningún tipo de apoyo económico, por lo que su acción es aún más destacada, pues se dedicaban a ello por voluntad propia.

La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música, pero también la pintura y la literatura, lo cual pone de manifiesto que pertenecían en un principio, generalmente, a clases medias o altas. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo XVI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín.

beguinas2Cada beguinaje (lugar donde vivían las beguinas) contaba su propia organización, a manos de una supervisora, conocida como la ‘Grande Dame’, quien era elegida de forma democrática entre todas las mujeres que formaban la comunidad.  Las mujeres que formaban parte de este modo de vida no tenían que pronunciar votos como hacen las monjas, ni debían comprometerse de por vida, sino que tenían que aceptar -durante el tiempo que estuvieran- vivir bajo la promesa de pobreza y castidad. Eso sí, cualquier beguina que quisiese podía abandonar el grupo de forma inmediata y seguir con su vida.

Vivian de una manera muy humilde, en casas proporcionadas generalmente por la nobleza, e incluso en algunos casos por la propia Iglesia (solo en un periodo de tiempo que comentaremos más adelante), pues, al fin y al cabo, repercutían en el bien de la comunidad, pues contribuían en la ”retirada” de los leprosos y al cuidado de los más desfavorecidos, que en muchos casos suponían un estorbo para el resto de la comunidad, especialmente para las clases más altas.

Como era común en la Edad media, todos los grupos tenían un sello que les identificaba, es decir, una vestimenta característica que permitía diferenciar a cada persona y estamento al que pertenecían. En el caso de las beguinas, a pesar de enmarcarse en un ambiente social más cerca de la nobleza que del pueblo, eligieron utilizar unos ropajes humildes. Les caracterizaba una especie de capucha y un sallo de color beige. Aprovecho para hacer un pequeño inciso, y es que una de las teorías de la procedencia del nombre de la organización es precisamente el color beige que es caracterizaba, aunque sobre esto existen otras muchas teorías.

87307ef568b4bf5fbed989eb7518131fEs en Flandes y Alemania donde comienzan a surgir estas formas de vida religiosas, pero no monacales. Además, en la Europa Medieval la comunicación era mucho más fluida, lo que permitía que si este tipo de ideas y organizaciones triunfaban se extendiesen rápidamente, especialmente a través de las Vías de Peregrinación Clásicas, que eran el Camino de Roma y el Camino de Santiago. Concretamente, el beguinaje se extiende principalmente hacia el este, hacia Alemania y Centro Europa, aunque llegó también a Austria, Italia, Francia, España, Polonia. Según la versión más extendida, un grupo de mujeres construyeron el primer beguinaje en 1180 en Lieja (Bélgica), cerca de la parroquia de San Cristóbal y adoptaron el nombre del padre Lambert Le Bège. Otras versiones apuntan a que “beguina” significa, simplemente, rezadora o pedidora (de beggen, en alemán antiguo, rezar o pedir) e incluso, en la versión menos compartida entre los historiadores, a que su existencia se remonta al año 692, cuando santa Begge habría fundado la comunidad.

Eran mujeres muy capacitadas intelectualmente. Hicieron muchas obras, tanto espirituales como poéticas, lo que lleva a los historiadores a afirmar que eran mujeres mentalmente por encima de la media. Además, comenzaron a adquirir un cierto poder hasta el punto que muchas mujeres crearon sus propios beguinajes. pero las denuncias de herejía las frenaron.

Este nuevo modelo de vida inventado, en un principio, por un grupo no muy numeroso de mujeres se extendió rápidamente por la Europa Occidental durante un periodo de la Edad Media (no olvidemos que duró aproximadamente un milenio, por lo que hubo un tiempo en el que fueron permitidas y otro en el que fueron violentamente perseguidas). Esto fue posible a que la Iglesia durante este periodo tomó la vía de la indiferencia, que les proporcionó libertad para realizar sus tareas, y gracias también al apoyo de algunos párrocos y de la nobleza local, que no veían nada de malo en que un grupo de mujeres, al fin y al cabo, se dedicasen al bien y al cuidado de los demás.

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Pero esto no fue siempre así. Estas comunidades gozaron de dos siglos de expansión rápida, pero fue precisamente este auge y su falta de sumisión a las altas esferas eclesiásticas lo que provocó su persecución por parte de la Iglesia, incluso algunas fueron quemadas vivas y otras condenadas a herejía. Uno de los casos más conocidos es el de Margarita Porete, la autora de ‘El espejo de las almas simples’, acusada de engatusar a sus confesores y por tanto de ser una bruja. Además, entre las beguinas más ilustres vale la pena recordar a María d’Oignies, a Lutgarda de Tongeren, a Juliana de Lieja y a Beatriz de Nazaret. La beguina mística más famosa es sin duda Hadewych de Amberes (por el 1200- 1240), autora de varias obras en poesía y en prosa, entre ellas varias cartas dirigidas a amigas de toda Europa.

El destino de las beguinas y su decadencia surgió de este perseguimiento, intolerancia y violencia. El debilitamiento de estas organizaciones se inicia en el marco en el que la Inquisición acaba de ser formada y cuando los reyes tienen el poder temporal y la Iglesia el control espiritual de las mentes europeas.

Image of the fresco of St. Catherine in the church of San Domenico. An image in the public domain from Wikimedia commons accessed 03-14-11
Image of the fresco of St. Catherine in the church of San Domenico. An image in the public domain from Wikimedia commons accessed 03-14-11

No eran bien vistas por dos motivos fundamentalmente: en primer lugar, eran vistas como un peligro porque intelectualmente eran superiores a gran parte de la población, y por otra, se dedicaban al cuidado de la gente más desfavorecida y sin nada a cambio, eran humildes y sencillas. Esto despertaba un sentimiento de miedo y rechazo en la sociedad medieval del momento, que estaba marcada por el cambio radical de la Iglesia, que había evolucionado desde la defensa de la ayuda al prójimo hasta la Iglesia perseguidora de infieles y herejes que se sustentaba en el poder de la Inquisición. Además, este periodo de debilitación del beguinaje coincide con el marco histórico en el que comienza el aniquilamiento de la herejía Cátara y se desarrolla la persecución de los Templarios, por lo que podemos tener una visión de la situación de tensión y el poder que tenía la Iglesia para poder perseguir a estas comunidades.

Esta persecución pondría de manifiesto la necesidad de las beguinas de replegarse a sus lugares de origen (Flandes y Países Bajos) y aproximar posturas con la cúpula de la Iglesia para recobrar la paz y poder sobrevivir. Con el tiempo, los beguinajes fueron perdiendo poco a poco su sentido religioso y se convirtieron más en un refugio para mujeres sin recursos como las viudas o las esposas de hombres que luchaban en la guerra.

A pesar de la gran persecución, los beguinajes nunca fueron eliminados del todo. Aquellos que han logrado sobrevivir desde la Edad Media hasta la actualidad se cuentan por decenas. Actualmente permanecen algunos beguinajes, como por ejemplo en Bélgica, donde las dejan vivir según sus tradiciones.  La mayoría de beguinajes que se mantienen en pie han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En algunos casos sus instalaciones han adquirido nuevos propósitos, como en el beguinaje de Lovaina, completamente restaurado, y que ahora pertenece a la Universidad de Lovaina, que lo utiliza como campus.

Beguines

Concluyo este análisis de las Beguinas y su modo de vida con una frase que Réfine Pernoud, historiadora que centra su estudio especialmente en el papel de la mujer durante la Edad Media, escribe en su libro “ La Virgen y sus santos en la Edad Media” que me ha llamado especialmente la atención y la cual considero que pone de manifiesto a estas mujeres: “El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina”.

Fuentes

Régine Pernoud. Wikipedia. 2015. Disponible enhttps://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%A9gine_Pernoud

Beguinas. Wikipedia, 2015. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Beguinas

Beguinaje. Wikipedia, 2014. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Beguinaje

Sin Autor. ¿Quiénes eran las beguinas? Europa Press (blog) 13/05/2015. Disponible en http://www.europapress.es/sociedad/noticia-quienes-eran-beguinas-20150513145701.html

Márquez, Juan. Monográficos zona cero, Beguinas Orden femenina de la Edad Media (video). YouTube 21 mar. 2015. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=g-_iDZSieBA

Tobella, Alba. Muere la última beguina. El País 24 de abril de 2013. Disponible en http://blogs.elpais.com/mujeres/2013/04/muere-la-%C3%BAltima-beguina.html