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Declaración de Oseira sobre la importancia de la Historia de la Enfermería

Te animamos a suscribir la Declaración en la sección de Comentarios

El cuidado de la vida es inherente al ser humano y por ello ha estado siempre presente en el transcurso de su evolución. También han existido personas que han ejercido la práctica del cuidar desde una dimensión profesional, con múltiples manifestaciones condicionadas por el avance del conocimiento y los cambios sociales y culturales. El resultado de siglos de progreso de la actividad cuidadora es lo que hoy conocemos como Enfermería, una disciplina compleja, dinámica y con una gran capacidad de aportar soluciones al bienestar de las personas. Compartimos la Declaración de Granada de 2012 al considerar que el Conocimiento Enfermero, construido durante siglos de evolución de la práctica profesional del cuidado, es el principal legado que la Enfermería como ciencia entrega a la Humanidad.

Los participantes en el III Encuentro Internacional de Historia y Pensamiento Enfermero, celebrado en el Monasterio de Oseira (Ourense, España) los días 14 y 15 de julio de 2017, junto con otros profesores e investigadores que posteriormente han compartido sus contenidos, acordamos suscribir la presente Declaración. Lo hacemos para destacar la necesidad de cimentar y divulgar una historia de la Enfermería libre de distorsiones, construida con rigor científico, ya que en ella se nos muestran valores que hoy asumimos como universales e innatos a la naturaleza humana, como son el reconocimiento de la dignidad humana, el compromiso con la equidad, la convivencia desde la diversidad o la igualdad entre hombres y mujeres.

Por todo ello, consideramos de sumo interés suscribir el siguiente decálogo sobre la función de la historia de la Enfermería en nuestro tiempo y la necesidad de dignificarla como materia académica con potencialidades pedagógicas insustituibles.

1. Cuando estudiamos la Enfermería como práctica del cuidar al ser humano en la salud y en la enfermedad, nos referimos a un sistema de práctica de cuidados de carácter profesional, con independencia de la forma de expresarse a lo largo de su historia, las condiciones sociales en que se haya desarrollado y la diversidad de denominaciones que han recibido las mujeres y hombres que la han ejercido. Aún así, la Enfermería reconoce la legitimidad de otras formas de cuidado, sea doméstico o de otro tipo, siempre que respeten los valores de lo que consideramos ética y moralmente bueno.

2. La historia contribuye a consolidar de manera muy efectiva la identidad profesional, ya que clarifica los principios y valores universales con que las enfermeras y enfermeros hemos ejercido nuestro compromiso con la sociedad a lo largo del tiempo, por lo tanto consideramos que la Historia de la Enfermería debe instaurarse como materia obligatoria dentro de los planes de estudio en todas las universidades y centros donde se imparte la carrera de Enfermería.

3. Para que la historia de la Enfermería cumpla su función pedagógica, es necesario que los investigadores en este campo, con independencia de su formación de origen, adopten metodologías rigurosas, basándose en fuentes primarias sólidas, adoptando perspectivas teóricas e historiográficas que favorezcan análisis rigurosos e interpretaciones precisas sobre el impacto que la Enfermería, sus instituciones y sus profesionales han tenido en los diferentes contextos donde han desarrollado su labor.

4. Las enfermeras y enfermeros han mostrado a lo largo de su dilatada historia que han antepuesto el compromiso con las necesidades de las personas a sus intereses profesionales, y esto lo han hecho bajo la influencia de fuertes liderazgos de mujeres y hombres que en su mayor parte no han encontrado el legítimo reconocimiento histórico, siendo imprescindible su reivindicación para la historia de la Enfermería y su reconocimiento por las nuevas generaciones.

5. Históricamente, la Enfermería se ha construido combinando el compromiso con la desigualdad y la fragilidad humanas, con la incorporación de saberes científicos, que aparecen explicitados en numerosos manuales técnicos y educativos elaborados por enfermeros desde incluso antes de la aparición de la imprenta. Consideramos de gran importancia su recuperación y estudio detallado, ya que harán posible conocer la evolución de la Enfermería como disciplina científica y social.

6. Es necesario reivindicar la importancia del hospital como institución cuidadora por excelencia, como escenario multifuncional donde se ha desarrollado la creatividad e innovaciones que han hecho evolucionar a la Enfermería como profesión y como ciencia. Por ello hacemos una llamada a los historiadores para que, con perspectiva enfermera, incrementen la exploración de las fuentes archivísticas de múltiples instituciones que aún no han sido suficientemente utilizadas y que aportan conocimientos concretos y contextualizados que es necesario poner en valor.

7. Sabemos que se puede hacer mucho daño a la Enfermería cuando se enseña o se divulga una historia llena de distorsiones, omisiones y falacias, que suelen ser fruto de la especulación, la ignorancia o de intereses ideológicos, por lo que hacemos una llamada al profesorado para que desde la academia extremen sus esfuerzos por evitarlas y realizar una pedagogía solo sustentada en fuentes rigurosas y creíbles.

8. Como materia de enseñanza, la Historia de la Enfermería puede resultar tediosa si no se utilizan sus potencialidades pedagógicas para hacerla atractiva al alumnado. Por ello apelamos al compromiso del profesorado para que utilicen estrategias de innovación docente, incluyendo metodologías participativas, en las que el alumno comprenda el verdadero significado de los acontecimientos más señeros del pasado de nuestra profesión y su contribución al progreso de la humanidad.

9. Apelamos a la responsabilidad de las sociedades científicas especializadas en historia de la Enfermería en procurar que la actividad investigadora y su difusión se realicen con rigor, desarrollando iniciativas para aumentar la profesionalización de investigadores y editores en este campo.

10. Tan importante es la investigación y la educación en historia de la Enfermería, como la divulgación entre la ciudadanía de los grandes hitos que han hecho posible la profesión que hoy desempeñamos. Por ello consideramos que debemos utilizar todos los mecanismos a nuestro alcance, incluyendo jornadas divulgativas, plataformas webs, exposiciones temáticas, etc., para socializar la contribución que las enfermeras venimos haciendo al cuidado de vida y los valores que sustentan una de las profesiones con mayor compromiso ético.

Si estás de acuerdo con los contenidos de la Declaración, puedes suscribirla incluyendo en la sección de comentarios tu nombre y apellidos, institución, ciudad y país. Así podrás aparecer en la publicación definitiva del texto que realizaremos próximamente en la revista Temperamentvm.

Declaration of Oseira on the importance of the History of Nursing

Subscribe the Declaration in the Comments section

Caring is inherent to the human being and, for this reason, it has remained a constant throughout time. However, some people have professionally cared for others, assuming a variety of roles which have traditionally been influenced by scientific progress and sociocultural change. Nursing as we know it has been influenced by centuries of caring, becoming a complex and dynamic discipline, with great capacity for problem-solving in relation to people´s needs. We declare that we are in agreement with the Declaration of Granada of 2012, which considers Nursing Knowledge, developed as a caring professional throughout centuries, as the main legacy of the science of Nursing to Humanity.

The participants in the III International Meeting for the History of Nursing and Nursing Thinking, which took place at the Monastery of Oseira (Ourense, Spain) between the 14th and the 15th of July 2017, in collaboration with other academics and researchers who have subsequently endorsed its content, agree to subscribe the following Declaration. We do this so as to highlight the need to establish the foundations, and contribute to the dissemination, of a distortion-free history of Nursing. It is important that Nursing history is built with scientific rigour as it portrays both universal and innate values of the human condition, such as the acknowledgment of human dignity, equity, respect for diversity and equality between men and women.

For these reasons, we believe it is important to subscribe to the following decalogue about the role of history in the shaping of today’s nursing and ensure that it continues to do so as part of the nursing curricula.
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1. The Oseira Group for the History of Nursing comprises the following members: Manuel Amezcua, Mª. Elena González Iglesias, Claudia Alvarez Franco, Isabel Antón Solanas, Carmen Domínguez Alcón, Juan Diego González Sanz, Antonio Jesús Marín Paz, Paloma Moral de Calatrava, Ana Belén Rodríguez Feijóo, Gloria Elena Lastre Amell, Carlos LouzadaLopesSubtil, María Dolores Ruiz Berdúnand Francisco Ventosa Esquinaldo.

1. Nursing, understood as the activity of human caring both in health and in sickness, refers to the system of professional caring practices carried out by both men and women, independently of their historical expressions, social conditions and diversity of denominations.Nevertheless, Nursing recognises the legitimacy of other forms of caring, either domestic or other, as long as certain ethical and moral values are respected.

2. History has contributed to effectively consolidate our pro-fessional identity by clarifying the principles and universal values assumed and displayed by nurses in the free exercise of our compromise with society throughout time. For this reason, we consider that the History of Nursing should be integrated in undergraduate nursing curricula and become an essential component of Nursing training.

3. Researchers of Nursing history, independently of their professional background, must rigorously select and observe the most appropriate methodology, identify adequate sources of information, and adhere to theoretical and historiographic approaches which facilitate both rigorous and precise interpretations of the impact of Nursing on different contexts, in order to allow it to fulfill its pedagogical function.

4. Throughout history, nurses have often put professional commitment with other people’s needs before personal inter-est. In many cases, this has been due to the strong leadership of certain women and men whose role and legacy to Nursing are yet to be given their rightful place in history. It is essential to investigate their role in shaping Nursing as a profession andreclaim their place in history for the new generations of nurses to know and value.

5. Historically, Nursing development has been influenced by two elements, namely its firm commitment to those who experience inequality and frailty, and the integration of scientific knowledge as described in technical and educational manuals written by nurses long before the first printing press. Thus, we think it is important to recover and analyse such evidence, which will facilitate the study and understanding of Nursing as a scientific and social discipline.

6. It is necessary to reclaim the importance of the hospital as a caring institution par excellence; as a multifunctional scenario where creativity and innovation have driven Nursing forward both professionally and scientifically. For this reason, we call all nurse historians to explore archival sources which have so far been under investigated, and which will potentially provide valuable, specific and contextualised knowledge on the historical development of Nursing.

7. We know that teaching and disseminating a distorted histo-ry which contains omissions and fallacies derived from either speculation, ignorance or ideological interest, can potentially be damaging to Nursing. Thus, we call all academics to in-crease their effort to avoid them, and base their teaching and learning activity only of rigorous and valid sources.

8. History of Nursing could be perceived as tedious unless lecturers make a conscious effort to make it attractive to student nurses. For this reason, we ask lecturers to use engaging teaching and learning strategies, utilise innovative teaching methods, in short, put the students at the centre of learning, in order to allow them to understand the true meaning of past events and recognisetheir contribution to the progress of humanity.

9. We ask all scientific societies specialised in the History of Nursing to ensure that research activity in this field is carried out, and disseminated, with rigour. In addition, we ask them to develop initiatives which increase the professionalisation of researchers and editors in this field.

10. We acknowledge that it is important to disseminate Nurs-ing history’s most important historical events among the general population. For this reason, all available means and mechanisms, including informational events, webs, thematical exhibitions, etc., should be used in an attempt to publicise the contribution of nurses to the caring activity and the values underpinning one of the most ethically committed professional activities.

If you agree with the contents of the Declaration, you can subscribe to it, including in the comments section your name and surname, institution, city and country. You will appear in the definitive publication of the text that we will soon publish in the magazine Temperamentvm.

Declaração de Oseira sobre a importância da História da Enfermagem

Assine a Declaração na seção Comentários

Os cuidados com a vida são inerentes ao ser humano e, por isso, sempre estiveram presentes ao longo da sua evoluç-ão. Também sempre houve pessoas que praticaram cuidados numa dimensão profissional, com múltiplas manifestações condicionadas pelo progresso do conhecimento e pelas mu-danças sociais e culturais. O resultado de séculos de evolução na atividade cuidadora é o que hoje se reconhece como Enfermagem, uma disciplina complexa e dinâmica com grande capacidade de contribuir com soluções para o bem-estar das pessoas. Partilhamos a Declaração de Granada de 2012, ao considerar que o conhecimento da Enfermagem, construído ao longo de séculos de evolução da prática profissional de cuidados, é o principal legado que a Enfermagem, enquanto ciência, dá à Humanidade.

Os participantes no III Encontro Internacional de História e Pensamento da Enfermagem, realizada no Mosteiro de Oseira (Ourense, Espanha), em 14 e 15 de Julho 2017, juntamente com outros professores e investigadores que partilharam posteriormente os debates e conclusões desse encontro, concordam em subscrever a presente Declaração para enfatizar a necessidade de construir e difundir uma história da Enfermagem isenta de distorções, construída com rigor científico e para que nela se revelem os valores que hoje assumimos como universais e inatos à natureza humana, tais como o reconhecimento da dignidade humana, o compromisso com a equidade, a convivência com a diversidade ou a igualdade entre homens e mulheres.

Por tudo isto, consideramos do maior interesse assinar o seguinte Decálogo sobre o papel da história da Enfermagem no tempo presente e a necessidade de a dignificar como uma disciplina com potencial educativo insubstituível.

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1. O Grupo Oseira foi constituído pelas seguintes pessoas: Manuel Amezcua, María Elena González Iglesias, Claudia Celia Alvarez Franco, Isabel Antón Solanas, Carmen Domínguez Alcón, Juan Diego González Sanz, Antonio Jesús Marín Paz, Paloma Moral de Calatrava, Ana Belén Rodríguez Feijóo, Gloria Elena Lastre Amell, Carlos Louzada Lopes Subtil, María Dolores Ruiz Berdún e Francisco Ventosa Esquinaldo.

1. Quando consideramos a Enfermagem enquanto prática de cuidados ao ser humano em situação de saúde ou doença, referimo-nos a um sistema de prática de cuidados de caracter profissional, independentemente da forma como se expressou ao longo de sua história, das condições sociais em que se desenvolveu e da diversidade de denominações que receberam as mulheres e os homens que a exerceram. Sendo assim, a Enfermagem reconhece a legitimidade de outras formas de cuidados, sejam domésticos ou de outro tipo, desde que respeitem os valores do que consideramos bom, ética e moralmente.

2. A História contribui de forma efetiva para consolidar a identidade profissional pois clarifica os princípios e os valores universais com que as enfermeiras e os enfermeiros têm exercido o seu compromisso com a sociedade, ao longo dos tempos. Portanto, consideramos que a História da Enfermagem deve constituir-se como disciplina obrigatória nos planos de estudo de todas as universidades e centros em que se lecione o curso de enfermagem.

3. Para que a História da Enfermagem cumpra a sua função pedagógica, é necessário que os investigadores nesta área, independentemente da sua formação original, adotem metodo-logias rigorosas com base em fontes primárias sólidas, adotem perspetivas teóricas e historiográficas que favoreçam análises rigorosas e interpretações precisas do impacto que a Enfermagem, as suas instituições e os seus profissionais tiveram nos diferentes contextos em que desenvolveram as suas práticas.

4. As enfermeiras e os enfermeiros têm demonstrado, ao longo de sua longa história, que colocaram o seu compromisso com as necessidades das pessoas acima dos seus interesses profissionais e que o fizeram sob a influência de uma forte liderança de mulheres e homens que, na sua maioria, não tiveram o legítimo reconhecimento histórico, sendo imprescindível resgatá-los para a História da Enfermagem, possibilitando que sejam reconhecidos pelas novas gerações.

5. Historicamente, a Enfermagem foi-se construído combinando o compromisso com a desigualdade e a fragilidade humana com a incorporação de saberes científicos que estão explicitados em vários manuais técnicos e educativos elaborados por enfermeiros, mesmo antes do advento da imprensa. Consideramos da maior importância a sua recuperação e estudo detalhado para tornar possível conhecer a evolução da Enfermagem como disciplina científica e social.

6. É necessário reivindicar a importância do hospital como instituição cuidadora por excelência, como um palco multi-funcional onde se desenvolveu a criatividade e as inovações que permitiram a evolução da Enfermagem enquanto profissão e ciência. Nesse sentido, apelamos aos historiadores para que, na perspetiva da Enfermagem, incrementem a exploração de fontes arquivísticas de instituições que ainda não foram suficientemente utilizadas e que proporcionam conhecimentos concretos e contextualizados que é necessário por em relevo.

7. Sabemos que se pode causar muitos prejuízos à Enferma-gem quando se ensina ou divulga uma história cheia de dis-torções, omissões e falácias que, muitas vezes, são o resultado da especulação, da ignorância ou de interesses ideológicos pelo que recomendamos ao corpo docente que, a partir da academia, redobrem os seus esforços para as evitar e realizem uma pedagogia sustentada em fontes rigorosas e credíveis.

8. Enquanto objeto de ensino, a História da Enfermagem pode transformar-se numa matéria enfadonha e sem interesse se não se utilizarem as suas potencialidades pedagógicas para a tornar atrativa para os alunos. Por isso, apelamos ao empenho dos professores para utilizarem estratégias de ensino inovadoras, incluindo metodologias participativas, que permitam aos alunos compreender o verdadeiro significado dos eventos mais significativos do passado da nossa profissão e o seu contributo para o progresso da Humanidade.

9. Apelamos para a responsabilidade das sociedades científi-cas especializadas em História da Enfermagem no sentido de garantir que as atividades de investigação e a sua divulgação sejam feitas com rigor, desenvolvendo iniciativas para aumentar a profissionalização de investigadores e editores nesta área.

10. Tão importante é a investigação e o ensino da História da Enfermagem como é a divulgação cívica dos grandes marcos que tornaram possível a profissão que hoje exercemos. Por isso, consideramos que devemos usar todos os meios à nossa disposição, incluindo jornadas, plataformas web, exposições temáticas, etc., para socializar o contributo que as enfermeiras e os enfermeiros têm vindo a dar aos cuidados com a vida e os valores que sustentam uma das profissões com maior compromisso ético.

Se você concorda com o conteúdo da Declaração, você pode assiná-lo, incluindo na seção de comentários o seu nome e sobrenome, instituição, cidade e país. Você aparecerá na publicação definitiva do texto que publicaremos em breve na revista Temperamentvm.

Panorama del Conocimiento Enfermero: orígenes, realidades y emergencias

Durante los días 29 de mayo al 1 de junio he participado en el Encuentro Académico conmemorativo del Día Internacional de Enfermería, celebrado en Ciudad de México, organizado por la Dirección de Enfermería de la Secretaría de Salud del gobierno mexicano, con un ciclo de tres conferencias dirigidas a líderes de Enfermería de instituciones de salud públicas y privadas, así como entidades académicas.

En esta entrada y a petición de los asistentes dejo colgadas las presentaciones de las tres conferencias, a las que he dado como título genérico “Panorama del Conocimiento Enfermero: orígenes, realidades y emergencias”.

1. La construcción de la Enfermería como disciplina orientada al cuidado humano. Su evolución histórica

Cómo citar esta presentación

Amezcua, Manuel. La construcción de la Enfermería como disciplina orientada al cuidado humano. Su evolución histórica [material docente]. Granada: Fundación Index. 29.05.2018. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=2236

2. La Enfermería como ciencia aplicada en salud. Aportaciones y perspectivas

Cómo citar esta presentación

Amezcua, Manuel. La Enfermería como ciencia aplicada en salud. Aportaciones y perspectivas [material docente]. Granada: Fundación Index. 30.05.2018. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=2236

3. Tendencias emergentes en Enfermería de Práctica Avanzada. Panorama internacional

Cómo citar esta presentación

Amezcua, Manuel. Tendencias emergentes en Enfermería de Práctica Avanzada. Panorama Internacional [material docente]. Granada: Fundación Index. 1.06.2018. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=2236

El Encuentro Académico conmemorativo del Día Internacional de Enfermería ha sido organizado por la Dirección de Enfermería y la Comisión Nacional de Enfermería de la Secretaría de Salud, estando al frente su Coordinadora la Mtra. Claudia Leija Hernández.

Al evento han participado más de 500 enfermeras, en su mayor parte líderes de enfermería de instituciones públicas y privadas y universidades de todo el país.

 

 

Como siempre ocurre en estos eventos, ha sido especialmente gratificante compartir iniciativas, ideas y proyectos con diferentes grupos participantes, con los que estamos seguros que vamos a tener la oportunidad de trabajar conjuntamente en el futuro. Dos ejemplos son el grupo de enfermeras participantes procedentes del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chavez o el semillero de investigadores que se está constituyendo para promover la investigación en Enfermería.

San Juan de Dios, o la pasión por los enfermos

Cómo citar esta entrada

Molina Valverde, Sandra. San Juan de Dios, o la pasión por los enfermos. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento [blog]. 18/12/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1780

Pastor, soldado y librero

Juan Ciudad Duarte, que pasaría a la historia como San Juan de Dios, nació en 1495 en Montemor-O-Novo, una próspera villa del Alentejo, en Portugal. Siendo niño un clérigo lo llevó a la villa de Oropesa (Toledo), donde vivió una parte de su juventud dedicándose al servicio de un noble, como pastor de su ganado. A sus veintidós años se alistó como soldado en el asedio de Fuenterrabía. Siendo expulsado del campo de batalla regresó a la casa donde h46148138_22616016abía vivido en Oropesa y allí pasó cuatro años, hasta que volvió a la guerra, en esta ocasión a Viena en la lucha contra los turcos.

Tras esta batalla regresó a la península ibérica, donde estuvo peregrinando durante un tiempo. Su siguiente destino fue Ceuta, allí trabajó en la construcción de la muralla de la ciudad y se ocupó de ayudar a una familia de exiliados portugueses con el sueldo que ganaba. A continuación se fue a Gibraltar, donde desempeñó diversos trabajos, y con sus ahorros compró libros y estampas religiosas para dedicarse a la venta ambulante. Más tarde decidió trabajar como librero en Granada, estableciéndose en un pequeño local cercano a Puerta Elvira.

Loco o iluminado

Juan de Ávila era uno de los predicadores más relevantes en Andalucía, y el librero decidió un día asistir a su sermón en la Ermita de los Mártires. A partir de este acontecimiento, Juan Ciudad experimentó un gran cambio en su actitud: salió de la ermita gritando, pidiendo misericordia, y se dirigió a su librería para destruir aquellos libros que no eran sagrados. Desde entonces, era visto por las calles con comportamientos extravagantes, mostrando arrepentimiento por las malas acciones que había cometido en su vida pasada, presentaba un aspecto muy descuidado, lo que dio lugar a que lo tomaran por loco, y como tal, fue ingresado en el Hospital Real.

Aquí fue víctima del maltrato que recibían los enfermos mentales en aquella época, pues eran atados, azotados y encerrados en celdas, esto se justificaba como lo adecuado para hacerles volver en sí. Dicha experiencia hizo que se revelara reclamando a los enfermeros que ofrecieran un trato humano a los enfermos, pero resultó en vano. Tuvo que aceptarlo sin otra alternativa, hasta que mejoró y dejaron de atarle y encerrarle en la celda, lo que aprovechó para cuidar a otros enfermos de forma amable y considerada.

Sintiéndose recuperado, Juan Ciudad optó por salir del hospital y encontrarse con Juan de Ávila. Aconsejado por este se marchó al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres) para aprender sobre el cuidado de los enfermos, ya que en este lugar existía una relevante Escuela de Medicina, y el cuidado se basaba en técnicas científicas. Además, aquí se llevaba a cabo un cuidado caritativo.

Los primeros hospitales

Tras regresar a Granada, se dedicó recoger leña y a venderla para repartir lo que recaudaba entre los pobres que encontraba. Comenzó a plantearse dónde podría alojar a los pobres sin hogar cuando conoció al Señor Venegas, uno de los descendientes de una familia real nazarí que se convirtieron al cristianismo, y consiguió que este diese cobijo a los pobres (en la Casa de los Venegas, hoy conocida como la Casa de los Tiros).
Más adelante, con la ayuda de gente de buena posición económica, instituyó un hospital en la calle Lucena. Aquí se ocupaba de las tareas necesarias para el mantenimiento del hospital y el cuidado de los enfermos y pobres, así como de procurarles los recursos necesarios; salía a caminar con una capacha de esparto a pedir limosna gritando su célebre frase: “Hermanos, haceos el bien a vosotros mismos”. Así conseguía comida y dinero tanto para los necesitados del hospital como para cualquier pobre. Su concepción del cuidado contemplaba la atención individualizada y meticulosa de los enfermos, se encargaba de conversar con ellos para conocer cómo se sentían, qué necesitaban y reconfortarles.

Otras de las labores de Juan Ciudad fue prestar ayuda a las prostitutas para que se alejasen de ese tipo de vida, y encargarse de conseguir limosna para el enterramiento de los pobres. También logró convencer a un malhechor llamado Antón Martín para que abandonara su vida como proxeneta y desistiera de la idea de vengar la muerte de su hermano, asesinado por Pedro de Velasco. Antón Martín perdonó a Pedro, y tal fue la transformación de estos que acabaron encargándose junto a Juan Ciudad del cuidado de los necesitados. Por todas sus obras caritativas, Juan era llamado popularmente Juan de Dios, hasta que llegó a recibir oficialmente este nombramiento por el Obispo de Tuy.

El hospital de Gomeres

La cantidad de personas acogidas en el hospital creció enormemente, de modo que el espacio disponible en él fue insuficiente, a lo que Juan de Dios respondió estableciendo un hospital más grande y con mejores prestaciones que ofrecer a los pobres y enfermos. Se situaba en la Cuesta Gomeres y disponía de mejores recursos y terapias novedosas: camas individuales para enfermos, sala de pacientes infecciosos, técnicas de diagnóstico, usos de ungüentos, etc.

Ante la gran cantidad de costes que suponía el mantenimiento del hospital y la ayuda que prestaba a los necesitados, Juan de Dios tenía grandes deudas; esto le condujo hasta Valladolid para pedir limosna al Príncipe Felipe II, quien lo recibió y donó una aportación económica. También durante su estancia en Castilla pudo recaudar limosnas de personalidades de la nobleza, con lo que pudo solventar algunas deudas y afrontar ciertas necesidades.

Una de sus hazañas más conocidas fue la que ocurrió durante el incendió que se produjo en el Hospital Real. Cuando Juan de Dios vio la humareda que salía del hospital, fue hasta allí y entró en el lugar de las llamas para sacar a los enfermos, salvando a muchos. Afortunadamente, consiguió salir ileso.

Reconocimiento a su labor

Juan de Dios era una persona que se daba a los demás sin condición. Prueba de ello fue el acontecimiento en el que se involucró cuando se encontraba junto al río Genil y vio a un joven que se estaba ahogando, entonces se lanzó al agua para salvarlo, lamentablemente sin éxito. En consecuencia, padeció una pulmonía que le dejó en muy mal estado, y por ello decidió dejar en orden todas las deudas que tenía pendientes haciéndolas constar en dos libros.

La esposa de García de Pisa, Ana Osorio, convenció a Juan de Dios para que se hospedara en su casa y estuviera mejor atendido. En su estancia recibió la visita del Arzobispo, quien se comprometió a que la labor de ayuda a los necesitados seguiría adelante y se haría cargo de sus deudas. Juan de Dios pidió a Antón Martín que se ocupara del hospital y de cuidar a los necesitados. Su estado de salud empeoró hasta que murió el 8 de marzo de 1550. Recibió un entierro multitudinario en la Iglesia de la Victoria de Granada; hoy en día, sus restos se encuentran en la Basílica de San Juan de Dios.

En 1572, los compañeros de Juan de Dios que se encargaron junto a él de prestar sus servicios a pobres y enfermos, lograron que el Papa Pío V aprobara la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que continúo funcionando con la filosofía de este y se extendió por otros continentes.

En 1630 fue beatificado por el Papa Urbano VII, y en 1690 canonizado por el Papa Alejandro VIII. Más tarde recibió nombramiento a nivel mundial como patrón de los enfermos y los hospitales por el Papa León XIII en 1886, así como el nombramiento de patrón de las enfermeras y personal sanitario y asociaciones sanitarias (Papa Pío XI, 1930). También fue reconocido como copatrono de la ciudad de Granada.

Fuentes bibliográficas

  • Amezcua, Manuel. Juan de Dios el Santo, el Iluminado, el Enfermero. Bol Inf CP Granada, 1994; 35:28-29.
  • De Castro, Francisco. Historia de la Vida y santas obras de San Juan de Dios y de la Institución de su Orden y principios de su Hospital, Edición facsímil, Córdoba, 1995.
  • De Mina, M. Visitar la Granada de San Juan de Dios. 1994
  • Gómez Moreno, M. Primicias históricas de San Juan de Dios. Reeditada, Granada, 2010.
  • Eseverri Chaverri, Cecilio. Juan de Dios, el hombre. Un acercamiento a la dimensión antropológica del personaje. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 19-22.
  • García Pedraza, A. Una relación ignorada: Juan de Dios y los moriscos. Index de Enfermería, 1995; IV(14):23-26.
  • Hernández Torres, JJ. Vida de San Juan de Dios. Granada: Clave Granada Editorial, 2003.
  • Martín Casares, A. Cuidar descarriadas sanando su alma. Juan de Dios y las prostitutas granadinas del siglo XVI. Index de Enfermería, 1995; IV(14):27-30.
  • Martínez Gil, José Luis. Sobre el nacimiento y procedencia de San Juan de Dios y su obra. Hispania sacra, estudios de edad moderna, 2006; 58(117): 69-100.
  • Ventosa Esquinaldo, Francisco. Juan Ciudad, reflejos de la personalidad humana de un reformador. Index de Enfermería, 1995; IV(14): 15-18.
  • Ventosa Esquinaldo, Francisco. Pensamiento de San Juan de Dios y la Orden Hospitalaria y su relación con la Enfermería: Conceptos y valores. Granada: Ediciones Alsur, 2012.

Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

El Fuego de San Antonio

Cómo citar esta entrada

Pertíñez Ruiz, Patricia; Breim Guillén, Ismael. El Fuego de San Antonio. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento. 8/12/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1628

Conocida también como Ergotismo o “Fuego del Infierno”, fue una enfermedad que se desarrolló sobre todo durante la Edad Media. Enfermedad de la que se han realizado varios estudios posteriores. Se desarrolló sobre todo entre los siglos IX y XIV, aunque también se dio posteriormente de forma más esporádica. El Bosco reflejó esta enfermedad en algunos de sus cuadros como en “Las Tentaciones de San Antonio”, donde vemos a un tullido a causa de esta enfermedad.

sanantonio

Cuadro” Las tentaciones de San Antonio” pintado por el Bosco, en el círculo rojo vemos a un tullido cuya causa es esta enfermedad

El Fuego de San Antonio era una enfermedad producida por la intoxicación por el cornezuelo de centeno, un hongo parásito de este cereal (Claviceps purpurea) que se presentaba con el aspecto de un pequeño cuerno negruzco en las espigas del centeno.
El alcaloide responsable de esta intoxicación era la ergotamina, de la que deriva el ácido lisérgico. Este hongo produce esporas durante la primavera que son esparcidas por el viento. Si estas esporas entran en contacto con una flor como las gramíneas o este tipo de cereales infectan a la planta, destruyen sus tejidos y forman esclerocios (estructuras duras, oscuras, de forma parecida a un grano y a un cuerno).

hongo

Imagenes del hongo causante de esta enfermedad (dibujo y fotografía)

La enfermedad empezaba con un frío intenso y repentino en todas las extremidades para convertirse después en una sensación de quemazón aguda. La infección puede ser leve, aguda o mortal, producía alucinaciones, convulsiones y vasoconstricción de las arterias que podía causar la necrosis de los tejidos y la aparición de gangrena en las extremidades, llegando a causar su pérdida en los casos más graves (en este caso se le denominaba ergotismo crónico). Frecuentemente solía provocar la muerte. También existía otro tipo de ergotismo conocido como ergotismo agudo, cuyos síntomas eran convulsiones espasmódicas en brazo y piernas y contracciones musculares que podían llevar al enfermo a morir por asfixia. En las mujeres embarazadas provocaba el aborto incluso en los casos más leves.

El tratamiento de la enfermedad era suministrado por la orden de los canónigos agustinos de San Antón. El remedio consistía en que los canónigos regulares tocaran con su báculo a los enfermos, los cuales peregrinaban hasta el monasterio de esta orden. La estancia se acompañaba con un cambio de dieta. Los enfermos de este modo mejoraban pero se debía al cambio de dieta que ayudaba a combatir la enfermedad y no al toque del báculo.
Otro remedio consistía en la peregrinación a Santiago, pues durante ella visitaban los conventos de los antoninos y se curaban , aunque frecuentemente volvía a aparecer con el tiempo.

Retablo de San Antonio (fragmento) en el que puede verse un fraile antoniano atendiendo a los enfermos del fuego de San Antonio. MNAC (Barcelona)

Se le dio el nombre de Fuego del Infierno porque en la Edad Media poco se sabía sobre esta enfermedad y frente a lo desconocido recurrían a la religión. Así se decía de esta enfermedad que era un castigo divino y que sus víctimas eran poseídas por el demonio cuyo fin era atacarlos y acabar con su vida. Se le conoce como fuego de San Antonio pues los enfermos se encomendaban a San Antonio Abad, buscando una cura eficaz. Además la primera orden que se fundó para cuidar a estos enfermos fue la orden de Antonianos, fundada cuando un joven rico cayó víctima de esta enfermedad. Se le dio los nombres de “fuego” debido a la intensa quemazón que sufrían sus víctimas.

Este mal se menciona por primera vez en una tableta asiria y en el libro sagrado de los parsis. En la Edad Media el pan de centeno era consumido normalmente por la clases más humildes ya que el pan blanco estaba reservado para la nobleza. La parasitación de este cereal era muy habitual en ese entonces y el polvo rojizo resultante de moler estos hongos estaba ocultado al mezclarse con la harina oscura del centeno. Los periodos en los que este hongo proliferaba coincidían con los de malas cosechas. La epidemia más grande que se recuerda fue en Pont Saint Esprit , pueblo de Francia, donde murieron 40000 personas.
En el siglo XVIII , algunos médicos europeos se dieron cuenta de que este hongo en pequeñas dosis era capaz de provocar las contracciones espásticas del útero, por lo que comenzó a usarse como medicamento, aunque en casos especiales y en pequeñas dosis. Su máxima difusión fue en Norteamérica pues se utilizaba en las hemorragias postparto.
A partir de este siglo se comenzó a concienciar a la población de no consumirlo, pero en periodos de hambre no resultaba extraño que volvieran a aparecer pequeñas epidemias como la declarada entre unos campesinos rusos en 1888. El último caso conocido es de 1951.

Canecillo del templo de Javierrelatre en Huesca, alusivo al Fuego de San Antonio

El día 17 de enero en España se celebra la fiesta de San Antón en recuerdo a esta enfermedad y a este santo. En ese día se realizan actos que consisten en bendecir los productos de panadería.

Fuentes y Bibliografía

García Omedes A. El “Fuego del Infierno” o “Fuego de San Antón” una peste medieval reflejada en el arte románico. romanicoaragones.com, sin año. Disponible en http://www.romanicoaragones.com/Colaboraciones/Colaboraciones04313Fuego.htm

Laval R, Enrique. Sobre las epidemias del fuego de San Antonio. Rev. chil. infectol. [Internet]. 2004; 21(1): 74-76. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182004000100016&lng=es. http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182004000100016.

Solórzano Sánchez, Manuel; Rubio Pilarte, Jesús; Expósito González, Raúl. El Mal de San Antón o Fuego Sagrado. Enfermería Avanza (blog), 14 de agosto de 2009. Disponible en http://enfeps.blogspot.com.es/2009/08/el-mal-de-san-anton-o-fuego-sagrado.html

Monográfico del programa Cuarto Milenio, dedicado a El pan maldito VER


Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º B de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

Teoría Hipocrática de los Humores

Cómo citar esta entrada

López Huertas, Noelia. La Teoría Hipocrática de los Humores. Gomeres: salud, historia, cultura y pensamiento [blog]. 17/10/2016. Disponible en http://index-f.com/gomeres/?p=1990

La teoría de los cuatro humores o humorismo fue una teoría acerca del cuerpo humano adoptada por filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Arranca con Hipócrates (460 aC-377 aC), se desarrolla ampliamente con Galeno (130 – 216) y llega con plena vigencia hasta el siglo XVII. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos o médicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna a mediados del siglo XIX.

Esencialmente, esta teoría expresa que el cuerpo humano se compone de cuatro sustancias básicas, conocidas como humores (aunque se refiere a líquidos), y que se debe mantener un perfecto equilibrio entre estos para evitar todo tipo de enfermedades, tanto de cuerpo como de espíritu. De esta forma, la aparición de enfermedades o discapacidades serían el resultado de un exceso o déficit de alguno de estos cuatro líquidos o humores. Autores posteriores de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de estos humores aumentaría o disminuiría en función de la dieta y la actividad del individuo. Cuando un paciente sufría un desequilibrio de líquidos, su personalidad y su salud se veían afectadas.

Los humores fueron identificados como bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. Había una estrecha relación en entre los humores y los cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra, y además a esta relación se le atribuían otras tantas cualidades: caliente, frío, húmedo y seco.

elementos

Teofrasto (filósofo griego) y demás discípulos de la escuela Peripatética, elaboraron un estudio donde relacionaban dichos humores con el carácter de las personas. De este modo y según cuentan en sus escritos aparecen los cuatro temperamentos: aquellos individuos con mucha sangre eran sociables; aquellos otros con mucha flema eran calmados; aquellos con mucha bilis eran coléricos y aquellos con mucha bilis negra eran melancólicos.

Según esas teorías, vigentes aun en muchos países especialmente en zonas rurales de la India, podemos clasificar a los seres humanos por su temperamento de esta forma:

1. El hombre flemático es reflexivo, tranquilo, muy justo e incorruptible, poco comprometido, simpáticos. Adoran la buena vida y les gusta poco el trabajo.
2. El melancólico es inquieto, muy reflexivo, inestable y ansioso. Adoran el silencio y la soledad, se olvidan de su entorno y se distraen fácilmente.
3. El sanguíneo es alegre, enérgico, vigoroso, con potencia. Son personas de buen humor, apasionados y que brindan confianza.
4. El colérico es perseverante, rápido en sus decisiones, que aspira a lo grande, activo y extrovertido. Son personas ambiciosas, individualistas y exigentes consigo mismas.

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Durante el período neoclásico en Europa, la teoría humoral dominó en la práctica de la medicina, en ocasiones resultando en situaciones un tanto dramáticas. Prácticas típicas del siglo XVIII como el sangrado o la aplicación de calor eran la solución de la teoría de los cuatro humores (en estos casos, para tratar los excesos de sangre y de bilis, respectivamente). Por otro lado, mucha gente pensaba que existía una cantidad infinita de humores en el organismo por lo que era muy normal creer que la pérdida de fluidos era una forma de muerte.

Temperamentos y escritura

s19-ciencia-hipocratesAunque la teoría de Hipócrates fue relacionada en un principio con el temperamento o el carácter de los individuos, un médico francés llamado Periot, fue capaz de relacionar el temperamento con la grafología de las personas. Aunque su teoría ha sido tachada de desfasada, podemos relacionar los cuatro temperamentos con las características grafológicas de la persona.

Temperamento sanguíneo. Letra grande, donde predominan las curvas con mayúsculas adornadas. Escribe rápido, con letra firme o en relieve, inclinada hacia la derecha y de forma ascendente. Tiene una firma grande que suele ir en la parte derecha

Temperamento flemático. La letra tiene un tamaño normal, con curvas y redondeces, letra sencilla, con un conjunto monótono, de escritura lenta a mesurada. Mantiene unos márgenes ordenados. Tiene una firma grande que suele estar situada a la izquierda y lejos del texto.

Temperamento colérico. De letra pequeña y angulosa, con ordenados márgenes y condensado texto, escritura sobria. Escriben rápido y con firme presión. Firma que va de normal a pequeña y suele situarse en el centro o ligeramente hacia la derecha del texto.

Temperamento melancólico. De letra normal, márgenes desiguales, con velocidad rápida en la escritura e irregularidades en la escritura. Las letras son desligadas. Su firma es angulosa, normalmente ilegible, situada en el centro o a la izquierda del texto.

Bibliografía

  • Cerro, Sandra Mª. Los temperamentos hipocráticos. Grafología Sandra Cerro [sitio web]. Disponible en: http://www.sandracerro.com/files/Articulos/artic-teorias/Hipocraticos.pdf
  • Fernández Vita, Mariana. Temperamento colérico/temperamento bilioso. Grafologia y Personalidad [sitio web]. Disponible en: http://www.grafologiaypersonalidad.com/temperamento-colerico-bilioso/
  • Moya Guirao, Dra. Teoría de los Humores. Psicoterapeutas.eu [sitio web]. Disponible en: http://psicoterapeutas.eu/teoria-de-los-humores/
  • Sin autor. Teoría de los cuatro humores. SCRIBD [sitio web]. Disponible en: https://es.scribd.com/doc/26386900/teoria-de-los-cuatro-humores

Esta entrada ha sido realizada por alumnado de 1º  de Enfermería de la Universidad de Granada en el marco de la asignatura “Evolución Histórica de los Cuidados. Teorías y Modelos”, curso 2016-17.

La Reina Victoria Eugenia, Enfermera

Autoras: Aurora Cano Perea y Marta Garzón Navarro-Pelayo, 1ºB (2015/16)

Biografía

Victoria Eugenia Julia Ena de Battemberg, reina consorte de España entre el año 1906 y 1931, nació el 24 de octubre de 1887 en el Castillo de Balmoral en Escocia. Nieta de la reina Victoria I, e hija del Príncipe Enrique de Battemberg y de la Princesa Beatriz de Inglaterra. Era la bisabuela paterna del actual monarca español Felipe VI.

Se casó con Alfonso XIII de Borbón, hijo de la segunda mujer de Alfonso XII, el cual la conoció en la primavera de 1905 en Londres, a los 18 años de edad, ya que la princesa asistió a una fiesta organizada por su tío Eduardo VII en honor a Alfonso XIII de España. El monarca cortejó a la joven a pesar de la oposición que existía, y también a pesar de que su madre, la reina María Cristina, no era partidaria de este enlace, debido a los oscuros orígenes de la línea Battemberg.

A los pocos meses, concretamente el 9 de marzo de 1906, se proclamó el enlace, que tuvo lugar el 31 de mayo de 1906 en la iglesia madrileña de San Jerónimo Real en Madrid.
La Reina era portadora del gen de la hemofilia, algo que Alfonso XIII sabía, sin embargo, cuando varios de los hijos salieron hemofílicos, el amor del rey acabó y le retiró la herencia a la reina. El matrimonio tuvo cinco varones y dos mujeres.

A esta reina se le conocía como la “Reina Enfermera”. La Historia de la Cruz Roja está muy ligada a la historia de las enfermeras y a la historia de la reina Victoria Eugenia como enfermera, la cual vistió durante un tiempo el uniforme de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española.

Victoria Eugenia de Battenberg muere en 1985, siendo sus restos  trasladados desde Lausana y depositados en el pudridero de reyes, donde permanecerán largo tiempo, hasta que, una vez reducidos, puedan ser depositados en la tumba que tiene asignada, junto a la de su esposo, Alfonso XIII.

La Reina Enfermera y la Cruz Roja

Hasta finales del siglo XIX las bases de la enfermería, en el mundo católico, eran la religión y la caridad y no tanto el conocimiento científico. Pero en la Europa protestante, Florence Nightingale trataba de integrar la Enfermería de forma independiente permitiéndole la elaboración en un futuro y dentro de los limites científicos una síntesis doctrinal. Esto fue posible gracias a la fundación y expansión de las Escuelas de Enfermería de las que ella fue pionera.

La serie de Nueva Gales conmemora el Jubileo de la Reina Victoria de Inglaterra, la cual promovió en la Enfermería una cuestación popular, con ocasión de su Jubileo e inició con su propia aportación, instando al gobierno que el resultado de la cuestación se destinase para la construcción de una Escuela para Enfermeras en el Hospital Antituberculoso.

La Cruz Roja fue fundada en 1863 por el masón Henry Dunant con el nombre de Comité Internacional de Socorros a los Militares Heridos, e inspirada por Florence Nightingale y su labor en la Guerra de Crimea. Concebía una organización internacional con un cuerpo de enfermeras voluntarias para ayudar a los heridos durante los conflictos bélicos. La creación de la Cruz Roja Española tardó en llevarse a cabo a causa de los cuidados de enfermería en España, ya que estaban asignados a comunidades religiosas, hasta 1915 cuando oficialmente nace la figura de la enfermera.

Además, la Cruz Roja Española se extiende en España por iniciativa de la reina Victoria Eugenia, un cuerpo de enfermeras a semejanza de otros países de Europa, con la finalidad de desarrollar funciones de voluntariado sociosanitario: el Cuerpo de Damas Enfermeras. El periodo de existencia del Cuerpo de Damas Enfermeras abarca desde la impartición de las primeras “conferencias” formativas, en 1914, hasta 1985, cuando es sustituido por el colectivo mixto: Cuerpo de Auxiliares Sanitarios Voluntarios.

Las Damas Enfermeras nacen al estallar la Primera Guerra Mundial, donde la reina destaca por su importante papel dentro de la enfermería española. Consiguió despertar y animar en las damas de la alta jerarquía social española el anhelo de ayudar a los enfermos con el trabajo personal junto con las limosnas.

Con el Real Decreto del 16 de enero de 1916, que aprobaba las bases para la reorganización de la Cruz Roja en España, se establecieron dos secciones, la de Caballeros y la de Señoras, presidida esta última por la Reina Victoria Eugenia. Ejercía además la Autoridad Suprema por autorización del Rey Alfonso XIII. El Real Decreto de 29 de junio de 1916 aprobó el reglamento de la Asamblea Central de Señoras.

-La labor de las Damas Enfermeras se desarrolla en hospitales, aunque también colaboran en otros servicios de diferentes centros (dispensarios antituberculosos, ambulancias…

-Se dedican a la promoción de la salud pública y colaboran en situaciones de emergencia como accidentes, catástrofes o desastres naturales y  en situaciones de peligro epidemiológico.

-Intervienen en tiempo de guerra, como en el conflicto de África, en el que tienen un importante papel, en la Guerra civil, atendiendo heridos en los hospitales de la Institución. Como bien se ha dicho anteriormente.

Bibliografía

Barranquero Fernández, Alejandro. La reina Victoria Eugenia y las enfermeras de la Cruz Roja. Prezi, 14.05.2015. Disponible en  https://prezi.com/1nssdutgl1ej/la-reina-victoria-eugenia-y-las-enfermeras-de-la-cruz-roja/

Expósito González, Raúl. Ena “La Reina Enfermera”. Enfemería Avanza (blog), 12.09.2010. Disponible en  http://enfeps.blogspot.com.es/2010/09/ena-la-reina-enfermera.html

Mas Espejo M, Siles González J, Pulido Mendoza R. ¿Qué sabemos de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española? Rev Metas de Enfermería 2015; 18(8): 12-19.

Miralles Sangro, Mª Teresa. La enfemería según los documentos filatélicos. Revista Enfermería en Desarrollo. Disponible en  http://www.enfermeriaendesarrollo.es/index.php/en-sociedad/119-la-enfermeria-segun-los-documentos-filatelicos

Victoria Eugenia de Battenberg. Wikipedia. Disponible en  https://es.wikipedia.org/wiki/Victoria_Eugenia_de_Battenberg

Diez “Tesis” para una Historia de la Enfermería visible

Cómo citar este documento

Amezcua, Manuel. Diez Tesis para una Historia de la Enfermería visible. Index de Enfermería 2015; 24(4):199-201. Disponible en http://www.index-f.com/index-enfermeria/v24n4/199201.php

Las actividades que a lo largo del año 2015 se han venido realizando en España para conmemorar el centenario de la creación del título de enfermera, en un número relativamente discreto (http://index-f.com/gomeres/?p=861), han puesto de manifiesto una realidad un tanto desconcertante: el escaso conocimiento que las enfermeras tenemos sobre los principales hitos que han marcado el devenir histórico de esta profesión.1 O también la escasa importancia que se les otorga cuando se conocen. Para muchos ha resultado una sorpresa saber que el arranque oficial de la versión laica de la Enfermería fuese promovido en España por una modesta comunidad de religiosas, las Siervas de María Ministras de los Enfermos.2 De hecho no estaba en el catálogo de congregaciones vinculadas al ejercicio enfermero. O al menos no era tan conocida como otras mucho más estudiadas, como las Hijas de la Caridad, los Hermanos Obregones o los Hermanos de San Juan de Dios. También ha resultado chocante la constatación de que el título de enfermera haya estado en nuestro país vinculado siempre al entono universitario, en contra de lo que muchos piensan, de que apenas acaba de entrar con el nuevo título de Grado.3

Desde que Domínguez Alcón inaugurase en los años 80 la primera generación de historiadores de la Enfermería española,4 los hallazgos han ido sucediéndose a la par que aumentaba el interés por la historia de la profesión, en buena parte desvirtuada por la ideología dominante en cada época.5 La construcción de la nueva historia de la Enfermería, como afirma Siles, solo es posible en marcos políticos democráticos en los que la ideología predominante está en consonancia con el sistema político.6 En este caso la historia de la profesión se pone al servicio de un empeño ubicado en plena transición democrática: la restauración de los estudios de Enfermería, que habían sido abolidos y sustituidos por un desempeño subalterno (Ayudante Técnico Sanitario) durante la dictadura franquista.

En los años siguientes la producción española sobre Historia de la Enfermería va a experimentar un crecimiento exponencial, tanto en forma de monografías como en las nuevas revistas especializadas que van a ir surgiendo (Index de Enfermería, Híades, Cultura de los Cuidados, Temperamentvm). Más recientemente, la posibilidad de doctorarse en programas específicos de Enfermería está generando una sólida producción sobre líneas muy concretas de la historia de los cuidados y de la profesión enfermera, sirva como ejemplo la colección “Arte y Ciencia de la Sanación. Historia de la  Educación”, dirigida por Hernández Conesa (Universidad de Murcia).

Hemos avanzado mucho en la definición de la imagen social e histórica de la Enfermería, pero aún queda mucho más por desentrañar sobre el conjunto de comportamientos, pensamientos y sentimientos implicados en el proceso de satisfacción de necesidades de los grupos humanos.7 En este sentido y con un fin estrictamente docente, he venido trabajando en los últimos años con mis alumnos de Historia de la Enfermería en la identificación de áreas de interés y lagunas de conocimiento que tienen un gran potencial para explicar los cambios que se han operado a lo lago de la historia en el ejercicio del cuidar.

Se trata de afirmaciones teóricas o ejercicios especulativos que inducen al estudio y la indagación, que invitan a confirmarlas o refutarlas de manera racional y científica, apoyándose en el pensamiento reflexivo y la investigación. Por ello les llamamos Tesis (conclusión o proposición que se mantiene con razonamientos, DRAE), porque estamos seguros que tienen un gran potencial para estimular líneas sólidas de investigación en el campo de la historia y el pensamiento enfermero.

Mostramos a continuación nuestras diez tesis con la esperanza de que resulten lo suficientemente provocadoras para que logren estimular el interés entre investigadores y doctorandos por los aspectos más complejos de la historia de nuestra profesión: la identidad, la memoria colectiva, la ideología, el poder, el sistema político, etc. Y cuando menos, que sirvan para lo que hasta ahora han sido utilizadas, como estrategia pedagógica para cultivar el espíritu crítico entre el alumnado y para hacer visible el potencial del legado que la Enfermería aporta a la humanidad.8 Cada tesis se acompaña de un breve comentario que solo pretende aclarar la idea, sin desarrollarla.

Diez Tesis

 1. El cuidar es una actividad tan antigua como la humanidad.

El primer llanto del niño al nacer es la expresión más elocuente de la necesidad de cuidado. El cuidado es inherente a la condición del ser humano.9 A nivel familiar o institucional, el cuidado siempre está presente entre nosotros.

2. En todos los periodos de la historia se documentan actividades profesionales orientadas a proporcionar cuidado de unas personas a otras.

Se constata en los hallazgos arqueológicos más remotos de todas las culturas, donde aparecen evidencias de la existencia de aflicciones y enfermedades, y de que estas se han encarado de forma individual o colectiva, desde un plano doméstico o profesional.

3. La palabra Enfermería siempre ha estado asociada a una dimensión profesional.

Por tanto, cada vez que aparezca el término enfermera o enfermero no ha de dudarse de su condición de profesional del cuidado, con independencia de su contexto, el marco legislativo, las condiciones políticas o religiosas. No se concibe el cuidado de Enfermería fuera de la profesión enfermera, aunque existan otras formas de cuidado.

4. La evolución del cuidado de Enfermería ha estado condicionada por la manera en que la sociedad satisface sus necesidades, de forma individual y colectivamente.

En este sentido, la historia de la Enfermería es la historia de una adaptación. Las enfermeras (laicas o religiosas, mujeres u hombres) siempre han antepuesto el compromiso social a sus posibilidades de desarrollo profesional, aunque para ello hayan tenido que cuidar en el seno de instituciones, profesando en una religión, o de forma laica sin percibir remuneración alguna. Este es un fuerte rasgo identitario que a veces se ha confundido con una debilidad como profesión con dificultades para defender sus intereses corporativos.

5. Desde que se tiene constancia documental, el cuidado de Enfermería aparece regulado en normativas institucionales.

En cierta forma, es la Enfermería en su diversidad de expresiones la que ha generado instituciones de salud para poder desarrollar su actividad cuidadora en plenitud. El caso de los hospitales es el más elocuente. El proceso de medicalización de los sistemas sanitarios se ha producido de manera mucho más reciente.

6. Los poderes instituidos siempre han aspirado a instrumentalizar el ejercicio de la Enfermería.

El reino de la Enfermería es el mundo cotidiano del paciente y su familia,10 que algunos poderes han contemplado como un espacio de dominación. Así lo entendió la Iglesia Católica cuando a partir del concilio de Trento determina que el cuidado ante la adversidad ha de ser ejercido por personas consagradas.11 Posteriormente, también lo han hecho las instituciones médicas en un proceso inacabado de medicalización de la vida cotidiana donde pretende ejercer su hegemonía.12,13

7. La mentalidad y la ideología establecidas han tenido un influjo determinante en el grado de autonomía de las enfermeras.

Acorde con la etimología de la palabra cuidar (del lat. cogitare, pensar), la práctica de la Enfermería ha de sustentarse en formas de pensamiento y por tanto habrá tantas enfermerías como mentalidades puedan concebirlas. A diferencia del conocimiento científico-técnico, que tiende a sustituirse en función de sus avances, el pensamiento enfermero tiene un efecto agregatorio, lo que explica la yuxtaposición de modelos que se produce conforme la sociedad avanza (es propio de nuestra sociedad la convivencia de modelos de cuidados de tipo doméstico, con otros de origen mágico-religioso, o con prácticas asistencialistas e institucionales, y en todas ellas se dan formas de práctica profesional. Ver figura 1).

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8. Solo cuando socialmente se ha identificado la capacidad transformadora de la Enfermería como actividad procuradora de salud, ha sido posible legislar el título de enfermera.

No fue la posición administrativa de Florence Nightingale lo que hizo posible la creación de la escuela de Enfermería del Saint Thomas Hospital de Londres, cuyo modelo de formación influiría en casi todo occidente. Lo que habilitó la posibilidad de un ejercicio enfermero socialmente reconocido fue los resultados de la labor realizada por las enfermeras nigthingalianas en el Hospital de Scutari (Turquía) durante la guerra de Crimea, puestos de manifiesto en las primeras estadísticas sanitarias que Florence envió a Londres para demostrar el espectacular descenso de la mortalidad entre los heridos. Puede ser interesante analizar la creación del título de enfermera en cada país a la luz de esta proposición.

9. El mayor grado de desarrollo profesional de la Enfermería se ha logrado cuando el ejercicio enfermero ha estado regido por principios profesionales, enseñado por las propias enfermeras y gestionado con autonomía.

Por el contrario, las realidades basadas en la dependencia hacia otras disciplinas han oscurecido el devenir de la profesión, debilitándola a tal extremo que se ha llegado incluso a suplantarla por otros perfiles subalternos. Durante años, organismos internacionales tan influyentes como la Organización Mundial de la Salud, han instado a los países a fortalecer la Enfermería por su impacto en la salud de los ciudadanos.

10. Una visión integradora (no selectiva) de la Historia de la Enfermería ha de contribuir a normalizar la identidad de las enfermeras como profesionales llamados a prestar un servicio esencial a la humanidad.

La Enfermería es una profesión que ontológicamente entronca con los orígenes del ser humano como especie. De esta manera, el conocimiento cabal de su historia permite comprender una dimensión importante de la evolución humana, la que tiene que ver con la forma de satisfacer nuestras necesidades relacionadas con la supervivencia.

El conocimiento de la historia de la Enfermería cumple también una función esencial para los propios profesionales, la de desobstruir su proceso de socialización como grupo y la creación de su memoria colectiva.6 Nos ayuda a comprender los conceptos centrales que configuran la disciplina enfermera y las formas de pensamiento que la han hecho evolucionar como ciencia aplicada.

Finalmente, la historia hace visible la verdadera naturaleza de la Enfermería, a la vez que combate las falacias que tanto estropean la identidad profesional. Ni la Enfermería se encuentra en un estado embrionario crónico (los fundamentos de la profesión ya están formulados), ni es una profesión propia de mujeres (aunque dominan sobre su quehacer los valores de la feminidad), ni ha surgido de la subalternidad (aunque en su independencia comparte con otros profesionales las relaciones de interdependencia necesarias para resolver los problemas complejos de la salud).

La historia de la Enfermería no puede entenderse como una suma de acontecimientos cronológicos aislados, flotando en el pasado como casualidades sin relación aparente. ¿Cómo ha de hacerse entonces? La Enfermería se ha construido en la historia a partir de demandas sociales expresadas de manera muy concreta cuando se trata de satisfacer necesidades básicas alteradas por enfermedades u otras aflicciones, o como consecuencia de calamidades, crisis y carestías. Desarrollando intervenciones enfermeras culturalmente congruentes, con arreglo a las formas de pensamiento, los usos de la vida cotidiana y la influencia de los conocimientos bio-médicos. Y concretándose como saber práxico-prescriptivo en el marco legislativo de cada época, normalizándose en el contexto gubernamental, incorporándose en los ordenamientos institucionales, hasta finalmente alcanzar la autorregulación como una de las profesiones más consolidadas y socialmente más reconocidas.

En la pedagogía de la historia, los profesionales de Enfermería tenemos que apartarnos de discursos lastimeros para sentir la necesidad de establecer sólidas alianzas con la ciudadanía,14 de asumir el compromiso que como ciencia aplicada nos corresponde:15 devolver a los ciudadanos el conocimiento que ellos nos prestaron, transformándolo en soluciones creativas y efectivas para mejorar su bienestar.

Bibliografía

  1. Amezcua, Manuel; González Iglesias, Mª Elena. La creación del título de Enfermera en España: ¿cien años de una incoherencia histórica? Index de Enfermería 2015; 24(1-2): 7-9.
  2. González Iglesias, María Elena; Amezcua, Manuel; Siles González, José. El título de enfermera en España a través del análisis documental: el caso de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Temperamentvm 2010; 6(12). Disponible en http://www.index-f.com/temperamentum/tn12/t1210.php [acceso: 10/08/2015].
  3. Amezcua, Manuel. La integración de la Enfermería en la Universidad: una historia inacabada. Temperamentvm 2015, 22. Disponible en http://www.index-f.com/temperamentum/tn22/t2200.php [acceso: 10/08/2015].
  4. Domínguez Alcón, Carmen. La infermería a Catalunya. Barcelona: Ed. Rol, 1981.
  5. Amezcua M. “Los estudios y los estudiosos de los cuidados en España: lo histórico como elemento de identidad”. Index de Enfermería. 1993; 2 (4-5):16-24.
  6. Siles González, José. La construcción social de la Historia de la Enfermería. Index de Enfermería 2004; 13(47): 7-10.
  7. Siles J. Antropología narrativa. Alicante: CECOVA, 2000.
  8. Reina Leal, Liliana Marcela; Amezcua, Manuel; y Red Internacional de Centros Colaboradores de la Fundación Index. Comentarios a DEGRA Declaración de Granada sobre Conocimiento Enfermero. Index de Enfermería 2013; 22(4):246-247.
  9. Waldow, Vera Regina (comp.). El Cuidado de Enfermería: reflexiones entre dos orillas. Granada: Fundación Index, 2014.
  10. Amezcua, Manuel; Hernández Zambrano, Sandra Milena. Investigación sobre el cotidiano del sujeto: oportunidades para una ciencia aplicada. Texto Contexto Enferm 2012; 21(3):675-683.
  11. Hernández Conesa, Juana M; Maldonado Suarez, Enrique; Navarro Perán, María Ángeles; Beneit Montesinos, Juan Vicente. El modelo educativo y sanitario de la España tridentina: entre la auctoritas y la potestas. Murcia: Diego Marín Ed., 2013.
  12. Illich, Ivan. Némesis Médica. La expropiación de la salud. Barcelona: Barral ed., 1975.
  13. Foucault, Michel. El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. Madrid: Siglo XXI, 2007.
  14. Amezcua, Manuel. Enfermeras y Sociedad, ¿son pensables las alianzas? Index de Enfermería 2014; 23(1-2): 7-9.
  15. Amezcua Manuel. From production to discovery: looking for the social impact of publications. Texto contexto – enferm.  2015  June;  24( 2 ): 299-300.

Stanisława Leszczyńska, la partera de Auschwitz

Autora: Julia Kuziemska, 1ºA (2015-2016)

Biografía

Stanisława Leszczyńska (Sierva de Dios, es decir una persona considerada especialmente pía en su fe) nació el 8 de mayo en el año 1896 en Lodz (Polonia), en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Cuando Stanislawa tenía cinco años de edad, su padre fue reclutado por el ejército ruso, y durante cinco años sirvió en Turquestán. La carga de mantener a la familia cayó por completo en Henryka, que trabajó duro en una fábrica durante catorce horas al día. En tal situación, Stanislawa tomó sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar a sus hermanos y realizar muchas tareas de la casa. Al cumplir siete años Stanislawa asistió a una escuela privada, donde las clases se impartían en polaco; lo que no es tan obvio dado que  durante este periodo la ciudad de Lodz se encontraba bajo la influencia rusa (en el 1795 las estructuras gubernamentales de Rusia, Prusia y Austria llevaron a la eventual desaparición del país. Polonia recobró su independencia tras la Primera Guerra Mundial, en el 1918).

En el 1908 para ganarse la vida su familia emigró a Brasil donde residía una familiar de su madre. Ahí Stanisława asistió a una escuela de Río de Janeiro, en la que las clases se impartían en portugués y alemán. El conocimiento de este último resultó  extremadamente importante durante la Segunda Guerra Mundial. Después de dos años, junto con su familia regresó a Polonia.

Durante la Primera Guerra Mundial durante los años 1914-1916 trabajó en el Comité para la Ayuda a los Pobres. En el año 1916 se casó con un impresor, Bronislaw Leszczynski, y tuvieron cuatro hijos. Ya estando casada realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Maternidad en Varsovia, que terminó con Matrícula de Honor. Tras graduarse comenzó el trabajo de partera; ese trabajo trató más bien como una vocación y ministerio que como una profesión. En el periodo de entreguerras Stanislawa asistía a partos en casas particulares – en ese tiempo el dar a luz en casa fue algo natural. Durante los 38 años de su trabajo como partera no murió ni un solo niño que nació, y ni una sola madre que dio a luz.

Durante la Segunda Guerra Mundial frecuentemente ayudaba a los judíos y las personas amenazadas por la Gestapo (la policía secreta oficial de la Alemania nazi): proporcionaba alimentos y documentos falsos producidos en secreto por su marido en su imprenta. En 1943 fue arrestada y llevada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Recibió el número 41335.

Partera de Auschwitz Birkenau

En Auschwitz Birkenau, Stanisława Leszczyńska trabajó de partera hasta la liberación del campo por el Ejército Rojo el 27 de enero del año 1945. Las autoridades nazis (entre otros el famoso médico Dr. Mengele, quien realizó investigaciones genéticas con humanos) exigían que Stanislawa practicase la eutanasia de los recién nacidos: a los niños judíos después del nacimiento no había que cortar el cordón umbilical, sino con la placenta tirarlos a la basura. Ella nunca cumplió esa orden. Leszczyńska no mató ni a un solo niño, y siempre que fuera posible, intentaba envolverlos en retazos de tela o papel y ponerlos bajo las mantas ásperas de la madre.

Las condiciones que predominaron en el campamento estaban lejos de la esterilidad. Para acentuarlo hay que mencionar que por 1200 pacientes al día había solo unas pastillas de aspirina. Partos de las madres agotadas, hambrientas, asustadas fueron recibidos en condiciones inhumanas, en la tierra, en el frío, entre diferentes insectos y enfermedades. A pesar de eso, Stanislawa Leszczynska se hizo famosa gracias al hecho de que las mujeres, a las que acompañó durante el nacimiento del parto, a pesar de la extrema falta de higiene nunca tuvieron infección o complicación alguna.

El equipamiento inseparable de esta matrona polaca, en sustitución de los apósitos, fue un rosario. Trabajaba con una oración en sus labios. Lo que es más, bautizó a todos los niños. Asistió a alrededor de 3.000 partos. Unos 2.500 recién nacidos murieron, unos pocos cientos con los ojos azules fueron enviados a Alemania para ser germanizados, unos treinta salieron del campo por su propia fuerza.

Fuentes y Bibliografía

-Gnacikowska W, Podolska J. Przybądź w jednym pantofelku. Gazeta Wyborcza Łódź. 2010. (artículo disponible solo en polaco).
– Sin autor. Stanisława Leszczyńska. Wikipedia. Disponible en: https://pl.wikipedia.org/wiki/Stanis%C5%82awa_Leszczy%C5%84ska
-Sin autor. Stanisława Leszczyńska 1896–1974. Wirtualnym Muzeum Pielęgniarstwa Polskiego (Museo de la Enfermería en Polonia, página en polaco). Disponible en http://www.wmpp.org.pl/pl/pielegniarki-na-frontach/ii-wojna-%C5%9Bwiatowa/stanis%C5%82awa-leszczy%C5%84ska.html
-Szkudelska I. Stanisława Leszczyńska. Głos Ojca Pio [revista], 65/5/2010. Disponible en: http://glosojcapio.pl/index.php?option=com_content&task=view&id=2433&Itemid=75